Evangelio del Día

“En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

Reflexión del Evangelio

En este Segundo Domingo del Tiempo Ordinario la Iglesia universal celebra la fiesta entre otros santos, en honor al Beato Arnoldo Jansen, quien nació en Alemania en 1837 y murió en 1909. Fundó los misioneros del Verbo Divino y las Misioneras Siervas del Espíritu Santo de la Adoración. Una frase de él es: “fuertes y valientes deben ser los soldados que luchan por la causa de Dios”.

Y la liturgia diaria nos presenta el Evangelio de Nuestro Señor JESUCRISTO, Según San Juan capítulo 1, versos del 29 al 34, en el que Juan Bautista hace una presentación de JESÚS dándonos su testimonio personal sobre El Mesías, señalándolo como “el Cordero de DIOS que quita el pecado del mundo”, en clara alusión al cordero que era sacrificado en la Pascua judía para recordar el memorial de la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud sufrida en Egipto.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que mientras que en el antiguo pacto los animales sacrificados eran muchos, Juan presenta una sola víctima: «el Cordero». Pensemos además que, en el sistema levítico, cada israelita se tenía que proveer su propio cordero para el sacrificio por el pecado, pero ahora es DIOS mismo quien provee la víctima: «el Cordero de DIOS», Su Propio Hijo.

Otra diferencia relevante era que los sacrificios levíticos servían para una sola persona por un pecado concreto, en tanto que el sacrificio de Cristo tiene un alcance universal: «el pecado del mundo». El objeto de esta salvación son hombres de toda tribu, pueblo y nación. Esto fue lo que profetizó el sumo sacerdote acerca de JESÚS: «Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos» (Jn 11,51-52).

Su expiación fue suficiente para toda la humanidad, aunque solo es efectiva para los que creen. Evidentemente, los judíos no esperaban un Mesías de este tipo, y, de hecho, a los mismos discípulos les costó mucho entender que JESÚS era “el Cordero de DIOS que quita el pecado del mundo”. Ellos no pensaban en un Mesías que viniera a sufrir. Y dentro de sus prioridades no estaba la salvación del pecado sino de sus enemigos romanos. Por eso es que finalmente fue rechazado por el pueblo.

 Al confrontarnos con el texto, y recordar el momento que vivimos en nuestra Eucaristía cuando el sacerdote levanta solemnemente el Pan Convertido en Cuerpo de Cristo y dice: “Este es el Cordero de DIOS que quita el pecado del mundo, dichosos los convidados a la Cena del SEÑOR”. Afirmación que la asamblea responde con otra expresión bíblica: “Señor no soy digno que entres en mi casa, pero una Palabra Tuya bastará para sanarme” (Mt 8,8).

Seguramente habrá muchos fieles que tendrán en cuenta la fundamentación bíblica de estas expresiones y la importancia que tienen dentro del Plan Salvífico de DIOS para la humanidad. Pero es casi seguro que un buen número de personas que nos llamamos fieles, las escuchamos y repetimos mecánicamente sin percatarnos del Sacrificio de AMOR que DIOS Ha hecho por mí y por ti.

Porque cuando Juan dice: “Este es el Cordero de DIOS que quita el pecado del mundo”. No habla de «pecados» en plural, no se refiere a esos actos, comportamientos, actitudes personales en las que caemos con mayor o menor frecuencia, y de las que solemos confesarnos o pedir perdón. Él está hablando de algo mucho más relevante. Ya que para la comunidad Juanica, solo hay un pecado: la oposición de la plenitud de la Vida que DIOS propone a cada persona, “Amándonos los unos a los otros”.

 Por eso es que hoy es el día para revisar profundamente los fundamentos de nuestra Fe cristiana y poder entender que JESÚS, siendo DIOS, se Hizo uno como nosotros para enseñarnos a ser más humanos. Y como un Cordero se Inmoló para quitar el pecado fundamental de vivir sin DIOS, es decir, ayudándonos a superar nuestros egoísmos, e indiferencias frente a las penurias de los otros.

Señor JESÚS, Tú que Eres el Cordero de DIOS que quitas el pecado del mundo, abre nuestro corazón para entender que solo hay un pecado: la oposición de la plenitud de la Vida que Tú le recomiendas a cada persona, “Amándonos los unos a los otros”. Amén.