Evangelio del Día. Juan 16,5-11

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«En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: ahora me voy donde Aquel que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta adónde voy. Se han llenado de tristeza al oír lo que les dije, pero es verdad lo que les digo: les conviene que yo me vaya, porque mientras yo no me vaya, el Protector no vendrá a ustedes. Yo me voy, y es para enviárselo. Cuando venga él, rebatirá al mundo en lo que toca al pecado, al camino de justicia y al juicio. ¿Qué pecado? Que no creyeron en mí. ¿Qué camino de justicia? Mi partida hacia el Padre mientras ustedes ya no me vean. ¿Qué juicio? El del gobernador de este mundo: ya ha sido condenado»  

  Reflexión hecha por Luis Perdomo Animador Bíblico de la Diócesis de Ciudad Guayana. Venezuela.

   La Iglesia universal celebra hoy la Festividad de nuestra Madre María, bajo la advocación de María Auxiliadora. Históricamente, la difusión del título de María «Auxilio de los Cristianos», comenzó alrededor de 1558, cuando esta invocación era mencionada en las letanías que se recitaban en el santuario de Loreto, Italia, Estas fueron aprobadas por el Papa Clemente VIII en 1601. Pero quien instituyó esta fiesta, fue el Papa Pío VII, que el 24 de mayo de 1814, liberado de la prisión napoleónica por la intervención de la Virgen instituyó la fiesta de «María Auxiliadora». San Juan Bosco la acogió como la Patrona de la Gran Familia de los Salesianos. Por lo que felicitamos a la feligresía de la Parroquia Don Bosco, en especial a los de la Capilla María Auxiliadora de Doña Barbara.

   Y la liturgia diaria, nos presenta al Evangelio de Jesucristo según San Juan, capítulo 16, versos del 5 al 11, en el que se sigue destacando la conversación o discurso de despedida que tuvo JESÚS con sus discípulos. El Maestro veía que ellos se entristecían cada vez que les hablaba de su partida. Y que tenía que regresar junto al Padre, tristeza que lo dejó perplejos, y sin palabras. Lo que dio lugar a que fuera el propio JESÚS, quien en un monólogo, hace las preguntas y da las respuestas.

  Y es que la ausencia física de JESÚS, produce un desconcierto y tristeza en sus discípulos. Pero esa ausencia es la condición para que se produzca una nueva Presencia del Señor en medio de los suyos, que se caracteriza por la Acción del Paráclito, término con el que se designa al Espíritu Santo, como defensor y consolador de los creyentes. Ya que cuando el Paráclito more en ellos, les dará la fuerza para que, denuncien y acusen al mundo de su incredulidad en el Enviado de DIOS. Y que, por su falta de fe, al no creer en JESÚS, se encuentra en una situación de pecado y de postración.

 También tendrán las palabras para hacerles entender a sus interlocutores, la Presencia de JESÚS, en medio de ellos, ya que, Su aparente Ausencia, es Su Glorificación junto al Padre. Y finalmente podrán demostrar que, en la Cruz, nuestro Señor JESUCRISTO ha derrotado para siempre a los poderosos, y a las estructuras del mal que agobian a la humanidad.

 Al confrontarnos con el texto, también hoy nosotros nos sentimos abrumados cuando miramos tantas situaciones difíciles que tenemos que enfrentar y nos sentimos solos, como si el Señor nos hubiera abandonado a nuestra suerte. Y ante tantas injusticias, que nos ha tocado enfrentar, pudiéramos preguntarnos: ¿Ha cambiado algo en la tierra con la entrada de JESÚS en la Gloria del Padre? Por lo que creyente y no creyente experimentamos por igual este drama y esta angustia colectiva que va incrementándose con el paso de los días, y las expectativas de solución cada vez son más lejanas, por la amenaza de una tercera guerra mundial o los coletazos de la guerra entre Rusia y Ucrania.

  Sin lugar a dudas que es un drama, por el cual pudiéramos decir, que nada ha cambiado. Las amenazas a la vida son cada día peores, los servicios públicos han ido de deficientes a casi inexistentes, no hay combustible, ni salario que pueda hacerle frente a esta inflación, por lo que es, más tiempo de llorar, que de reír. Pero frente a ese panorama el Señor nos dice que no estamos solos. Él nos ha prometido la Fuerza de lo Alto, es decir del Espíritu Santo, para que nos acompañe en las dificultades. ¡Y Él siempre cumple Sus Promesas!

Y es que, para los que ponemos la confianza en Él, tenemos la certeza absoluta que algo increíblemente nuevo va a surgir de esta gran tribulación que estamos viviendo. Porque el que tiene Fe de verdad, ve el mundo impregnado del Gran Amor de DIOS, por lo que, nada le entristece, nada le asusta. Ya que nuestra fuerza no está en nosotros, sino en el Espíritu Santo que mora en nuestro corazón, tal como nos lo dice JESÚS. Y esa Fuerza Espiritual, es la que fortalece nuestra Fe, que nos ayuda a descubrir más allá de las desgracias, la miseria y los errores humanos, a la Mano del Señor que Construye Su Reino, desde lo más profundo de nuestro ser, para irradiarlo hacia nuestros semejantes.

 Señor JESÚS en Tu Vida, en Tus gestos y Palabras, encontramos nuestra identidad de hijos de Dios. Regálanos la Presencia de Tú Espíritu en nuestros corazones, para asumir la experiencia de la Cruz, no como un fracaso, sino como donación de Amor sin límites, y actuemos de acuerdo a Tus designios. Amén.

Luis Perdomo