Evangelio del Día

“En aquel tiempo, al no ver allí a Jesús ni a sus discípulos, la gente subió a las barcas y se dirigió en busca suya a Cafarnaún. Al llegar a la otra orilla del lago, encontraron a Jesús y le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo has venido aquí?”.

Jesús les dijo: “Os aseguro que vosotros no me buscáis porque hayáis visto las señales milagrosas, sino porque habéis comido hasta hartaros. No trabajéis por la comida que se acaba, sino por la comida que permanece y os da vida eterna. Ésta es la comida que os dará el Hijo del hombre, porque Dios, el Padre, ha puesto su sello en él». Le preguntaron: “¿Qué debemos hacer para que nuestras obras sean las obras de Dios?”

Jesús les contestó: “La obra de Dios es que creáis en aquel que él ha enviado”. “¿Y qué señal puedes darnos –le preguntaron– para que, al verla, te creamos? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: «Dios les dio a comer pan del cielo.»

Jesús les contestó: “Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo. ¡Mi Padre es quien os da el verdadero pan del cielo! Porque el pan que Dios da es aquel que ha bajado del cielo y da vida al mundo”.

Ellos le pidieron: “Señor, danos siempre ese pan”. Y Jesús les dijo: “Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca más tendrá hambre, y el que en mí cree, nunca más tendrá sed”.

Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana

En este Décimo Octavo Domingo del Tiempo Ordinario la Iglesia Universal celebra la fiesta entre otros santos en honor a San Alfonso María de Ligorio, quien fue un religioso napolitano, Obispo y fundador de la Congregación del Santísimo Redentor cuyos miembros se conocen como Redentoristas. Nació en Marianella, Reino de Nápoles, el 27 de septiembre de 1696 y murió en Pagani, Reino de Nápoles, el 1 de agosto de 1787 Canonizado en 1839 y proclamado «Doctor de la Iglesia» en 1871, es el patrono de los abogados católicos, de los moralistas y de los confesores.

Y la liturgia diaria nos presenta el Evangelio de Nuestro Señor JESUCRISTO, Según San Juan capítulo 6, del verso 24 al verso 35, donde se dice que, JESÚS se les había escabullido, y la multitud comienza a buscarlo, y en esa búsqueda llegan hasta Cafarnaúm. Al encontrarse, Él les reprocha: «ustedes me buscan, no porque han visto señales, sino porque han comido de los panes y se han saciado».

JESÚS no se engaña, sabe que no han sido capaces de leer las verdaderas señales del pan multiplicado, por eso los exhorta a “obrar” por un alimento imperecedero, el que dará el Hijo del Hombre y que concede la Vida Eterna. Esta exhortación es una respuesta a las aspiraciones de los judíos, para quienes la Ley, es fuente de vida y desean saber que “obras” cumplir o hacer para obtenerla. A las muchas obras, JESÚS contrapone, una única obra: “creer en el que Él es El enviado de DIOS”.

JESÚS, Se Revela una vez más como “YO SOY”, es decir como El Propio DIOS que se Ha Encarnado en el mundo, para ser el Verdadero Alimento, el Nuevo Maná bajado del Cielo, quien lo coma no volverá a tener hambre, con la novedad de que este Pan que ha bajado del Cielo. Pero los israelitas anclados en el pasado en el que han recibido dones de DIOS, no son capaces de abrirse a una nueva Revelación en el presente, que el Propio Verbo hecho Carne o Pan les está Transmitiendo.

Por eso es que JESÚS, les habla de un don que DIOS les da ahora, en el presente, se trata del verdadero Pan del cielo, que impulsa al verdadero cumplimiento de los designios de DIOS. Porque JESÚS, es la expresión concreta de lo que DIOS quiere de sus criaturas para que se adhieran al Mensaje de Amor de Su Hijo, que se convierte en alimento imperecedero para su supervivencia, ya que estar unido a JESÚS, es la garantía de la fidelidad al Proyecto Salvífico del Padre, el cual se va fortaleciendo paulatinamente en la medida que se ingiera diariamente.

Al confrontarnos con el texto, vemos que ayer como hoy, los seres humanos siempre andamos en la búsqueda de la Divinidad, para adorarlo, para darle gracia y para tratar de sondear sus designios y ajustar nuestra manera de actuar de acuerdo a esos criterios. Pero muchas veces tenemos la tentación, de querer construirnos un dios a nuestras propias necesidades o intereses humanos. Por eso es que JESÚS nos dice hoy, que, si queremos encontrarnos con DIOS, solo tenemos que Creer en Él que es el Enviado del PADRE. Y esa convicción nos hará vivir un itinerario de crecimiento, para alcanzar la madurez de Fe, que es la que sacia, el hambre de DIOS. Por lo que tenemos que centrar nuestra mirada en JESÚS, para conformar comunidades de discípulos, que vayamos y bebamos de la Fuente del AMOR, para ser enviados por Él, con la Fuerza del Espíritu Santo, a Anunciar la Buena Noticia del Reino, en cada uno de los espacios donde nos desarrollemos.

El texto también nos ayuda a comprender grandemente que el ser humano es el resultado de lo que come y de lo que bebe. Si comemos el Cuerpo de Cristo y bebemos su Sangre, no solamente como acto cúltico o litúrgico, sino en el vivir, actuar y hacer como Cristo nos ha enseñado, entonces podremos decir que hemos comenzado un itinerario de adhesión a la Voluntad del PADRE CELESTIAL. De allí que hoy sea el día para abrirnos a la acción del Espíritu y testimoniar con nuestras acciones solidarias ante el mundo que somos verdaderos discípulos del RESUCITADO, llevando a su total realización el accionar de nuestra comida Eucarística.

 Señor JESÚS, aliméntanos con el Pan de Tu Palabra y de la Eucaristía, para saciar nuestra hambre de justicia, hacerles frente a las necesidades de la vida terrena y ayudar a saciar el hambre de tantos hermanos nuestros, que en la coyuntura que estamos viviendo la están padeciendo profundamente. Amén.

Luis Perdomo