Evangelio del Día. Lucas 11,37-41:

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«En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús, a comer a su casa. Entró y se sentó a la mesa. El fariseo entonces se extrañó al ver que Jesús no se había lavado las manos antes de ponerse a comer. El Señor le dijo: «Así son ustedes, los fariseos. Ustedes limpian por fuera las copas y platos, pero el interior de ustedes está lleno de rapiñas y perversidades. ¡Estúpidos! El que hizo lo exterior, ¿no hizo también lo interior? Pero, según ustedes, simplemente con dar limosnas todo queda purificado».    

Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana. Responsable: Luis Perdomo.

 La Iglesia universal, celebra hoy la fiesta en honor a nuestra querida Madre María, bajo la advocación de nuestra Señora del Pilar, que es la aparición mariana más antigua reconocida por la Iglesia. El Apóstol Santiago, desanimado por las grandes dificultades que estaba atravesando para evangelizar España pidió una señal, «fue entonces cuando se le apareció la Virgen quien le animó a seguir adelante y le hizo la promesa, que todavía se mantiene, por la que mientras estuviera ese pilar en pie, habría verdaderos discípulos de su Hijo en España».

Y la liturgia diaria, nos presenta al Evangelio de Jesucristo según San Lucas, capítulo 11, versos del 37 al 41. En el que frente a las críticas de un fariseo porque JESÚS no se había aseado antes de comer, el Maestro aprovecha para hacer un llamado a sus opositores y a sus seguidores, para que no conviertan un formalismo ritual, en un criterio para discriminar a las demás personas por su condición racial, cultural, económica o religiosa.

 Recordemos que la distinción entre pureza e impureza permitía a los judíos diferenciarse de los gentiles, estableciéndose unos criterios humanos para autoproclamarse como los justos frente a los pecadores y a los elegidos frente a los condenados. Es bueno tener presente que esta distinción no se inspiraba en criterios éticos, sino en prescripciones de pureza ritual y sobre todo en costumbres de higiene. Siendo esto así, se producía un desequilibrio entre las exigencias morales y las costumbres culturales, ya que se daba más valor a cosas puramente funcionales y se perdía de vista las exigencias sociales de la Ley.

Y es que estas costumbres en vez de servir para reunir al pueblo, como una comunidad entorno a un solo DIOS, acrecentaban la división social, ya que las personas pobres que trabajaban en el pastoreo y en la agricultura, tenían poca o ninguna posibilidad de cumplir estas normas de higiene y por esa razón muy ajena a su voluntad eran discriminados de la vida religiosa comunitaria. Por eso es que, la manera de actuar de JESÚS por darle un verdadero sentido a la Ley y sus costumbres de higiene personal, provoca la ira de los maestros de la Ley, ya que en contraparte el Maestro los invita a limpiar sus conciencias, que era y sigue siendo el objetivo final de la Ley.

 Al confrontarnos con el texto, y ver estas palabras tan duras de JESÚS, que muy bien pudieran estar dirigidas a nosotros, porque han sido escritas para recordarle a los seguidores de JESÚS, que el Evangelio va mucho más lejos de lo que veían los Fariseos tan preocupados por agradarse a ellos mismo antes que a DIOS. Y es que esa sociedad se encontraba realmente enferma y pervertida gracias a las artimañas de los conocedores de la Ley, los cuales habían logrado que su conglomerado humano viviese dividido entre: puros e impuros, conversos y renegados, justo y pecadores. Y si se quería estar entre «los buenos», tenías que estar alineado con las élites rabínicas.

 Al observar dicha realidad, vemos que esa situación que se presentó en tiempos muy remotos, sigue presente en la actualidad, ya que enfrentamos problemas semejantes. Donde la discriminación social, política, económica y religiosa sigue presente en nuestras sociedades y por supuesto sigue habiendo muchos que hoy nos presentamos como los impolutos, dueños de la vida y de la voluntad de los demás, para imponer nuestros criterios por encima de las realidades o de las necesidades reales de la comunidad.

 Por eso es que JESÚS nos invita, con Su Manera de Actuar, a llevar a la práctica nuestro compromiso cristiano, haciendo realidad, con nuestro testimonio de vida, el Reino de DIOS en medio de nosotros, limpiando primero nuestra conciencia y posteriormente ocuparnos de la asepsia y de los ritos externos. De allí que hoy sea el día para preguntarnos: ¿Qué estoy haciendo yo para superar estas barreras que me separan de DIOS y de mis hermanos? Y a nivel comunitarios también revisar esa realidad ¿Nuestra comunidad cristiana contribuye en la construcción de la sociedad del Amor, siendo menos ritualista y más fraterna?

 Señor JESÚS, acrecienta Tu Gracia en nosotros, para que nuestra Caridad y nuestra Fe, no se traduzcan en actitudes rutinarias y superficiales, sino que sean el fluir de la vida que impregne a muchos, y tengamos una sociedad fraterna sin exclusiones, ni discriminaciones. Amén.

 

Luis Perdomo