“En aquellos días María tomó su decisión y se fue, sin más demora, a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz: «¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!  ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor?  Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas. ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!»

Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana

La Iglesia universal celebra hoy la Fiesta entre otros santos en honor a San Pedro Canisio. Este santo, llamado «el segundo evangelizador de Alemania», es venerado como uno de los creadores de la prensa católica y fue el primero del numeroso ejército de escritores jesuitas. Nació en Nimega, Holanda en 1521. Estando en Friburgo el 21 de diciembre de 1597, después de haber rezado el santo Rosario, exclamó lleno de alegría y emoción: «Mírenla, ahí está. Ahí está», y murió. La Virgen Santísima había venido para llevárselo al cielo. El Sumo Pontífice Pío XI, después de canonizarlo, lo declaró Doctor de la Iglesia, en 1925.

Y la liturgia diaria, nos presenta al Evangelio de JESUCRISTO según San Lucas, capítulo 1, del verso 39 al 45. donde leemos un relato propio y exclusivo de Lucas, sobre el encuentro de María con su prima Isabel, y en el que podemos encontrar dos realidades muy particulares de la historia de Salvación: una mujer anciana y su esposo, sacerdote ligado al culto del Templo, que encarna las tradiciones del judaísmo y por el otro lado una mujer joven que rompe con los estereotipos de su raza y se abre a la Universalidad del AMOR de DIOS.

Esta perícopa la leímos el domingo pasado y hoy la Santa Madre Iglesia nos la vuelve a presentar para que entendamos plenamente el llamado que DIOS le hace a María, y también su disposición para asumir su Misión, que sin importarle los riesgos y las dificultades sale presurosa a servir. Ella es Consciente de la Gran Responsabilidad que DIOS le ha dado, de ser el Primer Sagrario de Nuestro Señor, y con su proceder hace realidad las Palabras de JESÚS: “él que quiera ser el primero que se haga el servidor de todos” (Mc 9,35).

Por eso es que Isabel, llama Bienaventurada a María, la Madre del Señor, porque gracias a Su FE se hará realidad la Promesa de DIOS que está escrita en el Antiguo Testamento. Y es que María condesa todas las Bienaventuranzas, que es el ámbito establecido por JESÚS, como característica de una auténtica Conversión para hacer realidad el Reino de DIOS, ella es la primera en escuchar el Evangelio y en hacer de su vida cotidiana, una Buena Noticia para su pueblo y para toda la humanidad. Por lo que puede decirse que, con el “SI” de María y su disposición para el servicio, se inaugura el TIEMPO DE LA GRACIA del SEÑOR.

Al confrontarnos con el texto, podemos entender que la presencia de Isabel y María, como protagonista de este tiempo de Adviento, tiene como objetivo el invitar a los seguidores de JESÚS a que abramos nuestra mente y nuestro corazón al llamado que nos hace DIOS para que dejemos que Su Palabra Habite en nosotros, y hacer de la vida un eterno encuentro fraterno y festivo, donde nos llenemos de PAZ y de optimismo para poder hacerle frente a todas las dificultades que se nos presenten.

De allí que hoy sea el día para ponernos en camino, como María fue al encuentro de su prima Isabel. Y nos demos la oportunidad para escuchar el llamado misionero del Señor, llenarnos de su Palabra y partir presurosos a comunicar y a compartir con nuestros hermanos la experiencia de sentirnos amados y salvados por DIOS, y juntos proclamar el DÍA DE LA GRACIA DEL SEÑOR, en el que buenos y malos, pobres y ricos, mujeres y hombres, negros, blancos, rojos y amarillos, tenemos la oportunidad de arrepentirnos de nuestros males procederes y revestirnos de “la Coraza del Hombre Nuevo” que es CRISTO JESÚS.

También es el día para preguntarnos: ¿De qué manera asumo cada una de las tareas que DIOS me ha encomendado tanto en la familia, en el plano laboral, en la comunidad y en la Iglesia, con alegría o con desdén? ¿Estoy consciente, de que cada una de esas responsabilidades, que me han sido asignadas son espacios para alcanzar la santidad, siempre y cuando las asuma correctamente, poniendo en alto los valores cristianos de la mansedumbre y del AMOR?

Señor JESÚS, hoy te damos gracias por habernos dado como Madre Celestial a María, que nos enseña a descubrirte en nuestra debilidad y en nuestra miseria, y desde allí, asumir las responsabilidades que tenemos de ser colaboradores de Tu Plan Regenerador del mundo donde la tiranía del odio no sea quien tenga la última palabra. Amén.

Luis Perdomo

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