Evangelio del Día. Lucas 9,18-22

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«Un día Jesús se había apartado un poco para orar, pero sus discípulos estaban con él. Entonces les preguntó: «Según el parecer de la gente ¿quién soy yo?» Ellos contestaron: «Unos dicen que eres Juan Bautista, otros que Elías, y otros que eres alguno de los profetas antiguos que ha resucitado.» Entonces les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» Pedro respondió: «Tú eres el Cristo de Dios.»  Jesús les hizo esta advertencia: «No se lo digan a nadie». Y les decía: «El Hijo del Hombre tiene que sufrir mucho y ser rechazado por las autoridades judías, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la Ley. Lo condenarán a muerte, pero tres días después resucitará.»

  Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana. Responsable: Luis Perdomo.

 La Iglesia Universal celebra hoy la fiesta en honor a nuestra madre María, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Merced. La Santísima Virgen se le apareció a San Pedro Nolasco, en 1218, recomendándole que fundara una comunidad religiosa que se dedicara a auxiliar a los cautivos que eran llevados a sitios lejanos. Esta advocación Mariana nace en España y se difunde por el resto del mundo. Su misión era la misericordia para con los cristianos cautivos en manos de los musulmanes. Muchos de los miembros de la orden canjeaban sus vidas por la de presos y esclavos.

Y la liturgia diaria, nos presenta al Evangelio de Nuestro Señor JESUCRISTO según San Lucas, capítulo 9, del verso 18 al verso 22. En el que se narra el encuentro de JESÚS, con sus discípulos, para preguntarles acerca de lo que decía la gente del pueblo sobre Él y también para saber su opinión personal de quien era Él para ellos. Las respuestas son variadas, porque esa eran los pareceres de la gente, sin embargo, Pedro da una respuesta certera: «Tú eres el Cristo de Dios.»  JESÚS aparte de advertirles de que no se lo dijeran a nadie, también les informa sobre el inicio de Su Pasión, para poder llegar a la Gloria.

¿Por qué Jesús hizo a sus Apóstoles esas preguntas? El Evangelio lo dice claramente: porque había llegado para Él, el momento de anunciarles Su Pasión. Y es que, JESÚS no había venido sólo a enseñar a los hombres, sino también a abrirles la puerta que lleva a la Resurrección. Puesto que sus apóstoles ahora lo reconocían como el Salvador prometido a Israel, debían también saber que «no hay Salvación si no se vence a la muerte» (1Cor 15,26). Y por eso les informa que el Hijo del hombre tiene que sufrir mucho y ser rechazado por las autoridades, para luego ir al Regazo del PADRE. 

 JESÚS añade inmediatamente después, que todos hemos de compartir Su Victoria sobre la muerte, y que esto dependerá de la orientación que demos a nuestra vida, Ya que sus seguidores conseguirán esta victoria cuando elijan libremente el Camino de la Cruz.  Por eso debemos elegir entre servir o ser servido, sacrificarse por los demás o aprovecharnos de ellos, como dice cierta oración bien conocida: «Que no me empeñe tanto en ser consolado como en consolar, en ser comprendido como en comprender, en ser amado como en amar».

 Al confrontarnos con el texto vemos que, el Mesianismo de JESÚS, no es el de un guerrero invencible, o la de un poderoso gobernante que impone sus ideas a costa del dolor y del hambre de sus conducidos, sino más bien el del Ungido Misericordioso capaz de acoger a los pecadores, sanar a los enfermos y orientar a la multitud, dando esperanza a todos para que comprendan que la justicia posible aún no se ha perdido, y que dependerá de cada uno de nosotros el poder juntarnos para que, en comunidad logremos vencer nuestros miedos, y construir la sociedad que soñamos y que aspiramos ver realizada.

 Por eso es que es fundamental desempolvar toda la enseñanza de nuestra Iglesia en torno a los valores familiares, ya que, si de verdad tuviéramos esa Iglesia Doméstica bien consolidada, entonces tendríamos una sociedad con menos crisis, y nuestro esfuerzo por buscar y obtener respuesta a este calvario, sería más expedito. Porque el pueblo que sufre, no sueña con paraísos imposibles, sino con una vida digna, en la que las necesidades vitales estén al alcance de los trabajos diarios y los recursos no estén sujetos a los caprichos de sus gobernantes. Y eso solo lo podemos lograr si actuamos de acuerdo al Plan de DIOS, que nos los presenta JESÚS, en Su Pasión, Muerte y Resurrección.  

 De allí que, hoy sea el día para preguntarnos: ¿Nuestra familia es una Iglesia doméstica donde cultivamos los valores cristianos, o más bien somos islas que tratamos de arreglarnos cada uno a nuestra manera? ¿Estamos claros en la importancia de tener a JESÚS, en medio de nuestra vida personal y comunitaria, para dar respuesta de acuerdo al plan de DIOS y no a nuestros caprichos?

 Señor JESÚS, Permítenos creer firmemente en lo que por Tú Misericordia nos has Revelado, y descubrirte en el rostro desesperado de cada hermano que sufre las angustias de tener poco o nada para su sobrevivencia. Amén.

Luis Perdomo