En aquel tiempo, volvió Jesús a su tierra, y sus discípulos se fueron con él. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga y mucha gente lo escuchaba con estupor. Se preguntaban: «¿De dónde le viene todo esto? ¿Y qué pensar de la sabiduría que ha recibido, con esos milagros que salen de sus manos?

Pero no es más que el carpintero, el hijo de María; es un hermano de Santiago, de José, de Judas y Simón. ¿Y sus hermanas no están aquí entre nosotros?» Se escandalizaban y no lo reconocían.

Jesús les dijo: «Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su tierra, entre su parentela y en su propia familia.» Y no pudo hacer allí ningún milagro. Tan solo sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos. Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer.

Reflexión del Evangelio

La Iglesia universal celebra hoy la fiesta entre otros santos en honor a San Juan Bosco. Santo muy popular, modelo y patrono de juventudes. Apasionado, alegre, entusiasta, emprendedor de proyectos a favor de los jóvenes desescolarizados y excluidos. Fundador de la Congregación Salesiana y de las Hermanas Salesianas.

Con una confianza absoluta en María Auxiliadora, inició la fundación de sus oratorios, que hoy están presentes en muchos países del mundo y que son ejemplo de educación fuera del aula.

Guayana es testigo de la continuidad de su obra: casa hogar Miguel Magone, Centro de capacitación de las Batallas y de la 45, y por supuesto la Parroquia Don Bosco, entre otras. Felicitaciones a toda la feligresía de la Parroquia San Juan Bosco de San Félix, por estar de fiesta Patronales.

El regreso de Jesús

En la liturgia del día meditamos los textos: 2Sam 24,2.9-17; Sal 31; y el Evangelio de Nuestro Señor JESUCRISTO, según San Marcos, capítulo 6, del verso 1 al verso 6. Donde se narra el retorno de JESÚS al pueblo donde se había criado. Y cuando llegó el sábado fue al cumplimiento de su precepto religioso.

A JESÚS le correspondió tomar la palabra para explicar lo que decía el texto Sagrado. Es de hacer notar que era costumbre en la reunión de la sinagoga que un lector leyera el texto de la Biblia, que hoy llamamos Antiguo Testamento y otro lo explicara.

Los habitantes de Nazaret quedan asombrados de sus sabias palabras y comienzan a preguntarse quién le ha enseñado y dónde ha aprendido todas esas cosas que explica.

Es que durante el tiempo en que JESÚS vivió en medio de sus paisanos, nunca manifestó algún don especial, y tal vez no lo habían designado para ningún cargo en la comunidad de la sinagoga.

Desde pequeño se habían acostumbrado a tratarlo como a uno más de ellos. Y por eso quedan asombrados de su explicación y empiezan a preguntarse por su identidad, como si después de 30 años de vivir en medio de ellos, no supieran quién era.

Su asombro termina en escándalo e incomprensión, porque buscan la respuesta en una dirección equivocada. Creen saber todo sobre JESÚS, porque conocen a sus padres y familiares y le han visto trabajar como un joven más del pueblo.

Por eso JESÚS aquella queja lapidaria: «Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su tierra» (Mc 6,4).

Pensaba que lo conocían

Al confrontarnos con el texto, y ver la actitud de los paisanos de JESÚS, que creían conocerlo, pero en realidad no lo conocían.

Ya que para sus vecinos JESÚS no había estudiado, había crecido como un muchacho más del pueblo y, por tanto, escucharle hablar de esa manera y enseñar como un maestro les resultaba sospechoso.

Como JESÚS nunca hizo cosas extraordinarias entre ellos, se extrañaban de lo que se decía de su actuación en otros lugares y de que ya fuera famoso. No habían captado todavía el “secreto de la Persona de JESÚS” y lo que decía y hacía les resultaba escandaloso.

También a muchos de nosotros nos puede pasar eso mismo, ya que, la mayoría de las veces uno cree conocer a un amigo, un hermano, un compañero de trabajo, pero no es así.

No siempre las personas son lo que parecen, pues llevan dentro de sí riquezas, que no consiguen descubrir quienes solo nos dejamos llevar por las apariencias o por lo que dice la gente.

Prejuicios

Los prejuicios nos llevan siempre a pensar lo peor y a descalificar a quien se aparta de nuestras ideas y gustos, por lo que es bien difícil juzgar correctamente a las personas, y por eso limitamos la Presencia de DIOS en medio de nosotros.

De allí que hoy sea el día para preguntarnos: ¿acepto con alegría y entusiasmo la manifestación de la vocación profética de algún miembro de mi comunidad, aun cuando piense que esa persona tenga menos preparación intelectual o religiosa que yo?, ¿considero que, en las palabras de mis semejantes, que tienen que ver con la corrección de alguna desviación personal o comunitaria está la Presencia de DIOS, o más bien trato de descalificar esa opinión porque afecta mis intereses personales?

 Señor JESÚS, danos la Fe necesaria para abrirnos a Tu Gracia, que nos permita dejar a un lado los prejuicios que nos llevan siempre a pensar lo peor y a descalificar a quien se aparta de nuestras ideas y gustos, porque eso limita Tu Presencia en medio de nosotros.

Amén.

Luis Perdomo
Animador bíblico de la Diócesis de Ciudad Guayana

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