En aquel tiempo, al ver toda aquella muchedumbre, Jesús subió al monte. Se sentó y sus discípulos se reunieron a su alrededor.

Entonces comenzó a hablar y les enseñaba diciendo: Felices los que tienen el espíritu del pobre, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Felices los que lloran, porque recibirán consuelo.

Los Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Los felices los compasivos, porque obtendrán misericordia.

Felices los de corazón limpio, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios.  Los felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Los Felices ustedes, cuando por causa mía los insulten, los persigan y les levanten toda clase de calumnias.

Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo. Pues bien saben que así persiguieron a los profetas que vivieron antes de ustedes.

Reflexión del Evangelio

La Iglesia universal celebra hoy, la fiesta entre otros santos, en honor a San Crispulo. Recordado por ser uno de los primeros testigos de la fe en España.

Él conoció a JESUCRISTO por la predicación de San Pablo y fortaleció su conversión con la espiritualidad Paulina, por lo que consideran como un fiel exponente de la teología Paulina.

Era natural de Peñaflor, España, y trabajaban en la cantera que existió en ese tiempo.

La liturgia diaria medita los textos de: 1Re 17,1-6; Sal 120; y el Evangelio de Nuestro Señor JESUCRISTO, según San Mateo capítulo 5, desde el verso 1 al 12. En el que se enmarca el discurso conocido como “las Bienaventuranzas”, con el que se da inicio al gran Sermón de la Montaña, que se extenderá hasta el capítulo 7.

Y es que después de haber recorrido ya el camino pascual y tras la recién celebrada fiesta de Pentecostés, de la Santísima Trinidad, y de Corpus Christi, retomamos el tiempo ordinario con lecturas que ponen a prueba nuestra madurez en la Fe con términos como «tribulación», «sufrimiento» y «consuelo».

Introducción de la palabra «Felices»

Con ocho enunciados introducidos por la palabra «Felices» JESÚS establece, de manera sintética, un programa de vida y de acción para todos aquellos que quieran ser sus discípulos y alcanzar la plenitud de Vida en el Reino de los Cielos.

Puede decirse que las Bienaventuranzas son el Salmo de la Nueva Felicidad Evangélica, cuya estructura literaria podemos dividir en dos series. Las cuatro primeras, y la última, que se refiere a los perseguidos, se retoman, el tema de que el Mesías vino para los pobres, que sufren y saben que solo cuentan con DIOS. A estos, JESÚS promete el Reino de los Cielos y la Consolación Plena.

Las otras tres; quinta, sexta y séptima, son una invitación a los seguidores a combatir seriamente la miseria y empeñarse en la construcción de la Paz. Lo que nos permite inferir que, si los discípulos de Cristo asumiéramos esa lucha contra la pobreza, opresión, sufrimiento e injusticia, el mundo lo renovarán por el amor de DIOS.

Ya que, el Reino de los Cielos se actualiza, donde se vive de acuerdo con la Justicia que es obra de DIOS.

Discípulos de Jesús

Al confrontarnos con el texto, vemos como todos los que nos llamamos discípulos de JESÚS, estamos llamados a buscar que el Reino de DIOS Anunciado por Él se haga realidad en nuestro mundo. Teniendo presente que el Reino no es otra cosa que el mundo Proyectado por DIOS, sin ambiciones y codicias, sin fronteras o discriminación, sin fanatismos ni fundamentalismo.

Un mundo donde la siembra del AMOR sincero y desinteresado nos dé una cosecha abundante de «VIDA» donde se respetarán, no solo la dignidad humana sino toda la creación.

Es que, la Justicia traída por JESÚS establece nuevos paradigmas de relación con los hermanos, con la Creación y con DIOS fundamentados en la acción del Espíritu Santo que ha sido dado por el Padre.

Por eso es que, la vida de los «BIENAVENTURADOS» del Evangelio que Mateo nos presenta: los empobrecidos, afligidos, desposeídos, que esperan de la comunidad de creyentes no caridad y lástima sino compromiso solidario, que no solo mitigue sus carencias temporales, de comida y medicina.

También quieren que los ayuden a recobrar su dignidad, a ejemplo de los limpios de corazón, los Misericordiosos y los que luchan por la Paz y la Justicia.

Señor JESÚS, danos la Gracia de permanecer fieles a Tu Palabra para que nunca nos apartemos del camino de la verdadera Felicidad, y que el Espíritu Santo actúe en nosotros dándonos el don inapreciable de la «compasión» que nos mueva a actuar en favor de los otros.

Amén.

Luis Perdomo
Animador bíblico de la Diócesis de Ciudad Guayana

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