He visto a gerentes con currículos impecables colapsar porque confunden la gestión con la adivinación o, peor aún, con la superstición. Recuerdo un caso y real: un jefe de proyecto que no tomaba decisiones basadas en indicadores, sino en el horóscopo o en la volatilidad de su humor.

Si el café estaba frío o los astros no estaban «alineados», el equipo entero quedaba a merced de su inestabilidad. Intentaba controlar lo incontrolable —la suerte, la opinión del cliente, el mercado— mientras descuidaba lo único que le pertenecía: su propio juicio.

Mi diagnóstico de practitioner es una verdad de las rutas empresariales: Tu única verdad en la gerencia no está en las estrellas ni en tu temperamento, sino en tu acción deliberada.

Esta es mi tesis, mi mapa de supervivencia: La Gerencia Estoica no es un concepto etéreo; es la aplicación radical de la Dicotomía de Control. Si tu energía no está centrada al 100% en lo que depende de ti, no eres un líder, eres un náufrago.

Simplificar es Ahorrar: El ROI de la Prudencia

La Gerencia Estoica exige que limpies tu campo de visión. El gerente «adivino» llena la mesa de objetivos irrelevantes para ocultar su falta de dirección. Pero en entornos de recursos limitados, la complejidad es un veneno.

Si un proyecto tiene diez objetivos, solo dos son vitales. El resto es ruido que genera desperdicio (waste).

Un equipo de servicios, bajo el mando de este líder volátil, perdía el 30% de su jornada documentando procesos inútiles solo para «parecer ocupados» y calmar la ansiedad del jefe. Aplicamos la Prudencia (Phronesis): redujimos la documentación al mínimo crítico y eliminamos las reuniones de «humor».

Al centrarse en la disciplina del proceso y no en la validación externa, el equipo liberó capital y tiempo. Esto es ROI en estado puro: eficiencia recuperada mediante el coraje de la simplicidad.

Síndrome de la Insuficiencia: Templanza vs. Narcisismo

Hay una patología común en el liderazgo débil: el jefe que, al sentirse insuficiente, proyecta esa inseguridad en su equipo. No solo él siente que «no hace lo suficiente», sino que obliga a sus empleados a vivir en una carrera de ratas constante para «demostrar» un valor que ya tienen. Es un ciclo de validación externa que agota el alma y destruye la productividad.

La Gerencia Estoica usa la Templanza (Temperantia) para romper este círculo vicioso. Un gerente de operaciones que asesoré intentaba procesar volúmenes imposibles basándose en impulsos emocionales («hoy me siento optimista»). Cuando el equipo fallaba, los acusaba de falta de compromiso.

Implementamos una regla de Autodisciplina: el equipo solo se comprometía con el 80% de su capacidad técnica instalada. Al gestionar la realidad y no el deseo, eliminamos el conflicto y el sentimiento de insuficiencia. El equipo dejó de «demostrar» para empezar a ejecutar. Al enfocarse en lo que podían controlar —su compromiso real y su capacidad técnica—, aseguraron la salud mental y la sostenibilidad operativa.

Llamado al Liderazgo Soberano

La Gerencia Estoica te quita la máscara de víctima. No eres un mártir del caos externo, ni un esclavo de tu horóscopo, ni un rehén de tus emociones. Si actúas según cómo te sientes, has entregado tu soberanía al azar.

Deja de pedirle al equipo que valide tu ego.

Deja de intentar controlar el viento y empieza a ajustar tus velas.

No esperes el presupuesto perfecto ni que Mercurio deje de estar retrógrado.

Elige hoy enfocarte solo en tus decisiones, tus procesos y tu respuesta racional.

Tu única verdad en la gerencia no está fuera, sino en la firmeza de tu carácter.

Audita tu agenda ahora: ¿Cuántas de tus tareas de hoy son para «demostrar» y cuántas para «ejecutar»?

Elimina la vanidad. Elige la eficiencia.
Hoy. No mañana.

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