
Un colector de aguas de lluvias en la calle Morazán del sector Las Américas, parroquia 11 de Abril de San Félix, se ha convertido en una amenaza mortal para quienes transitan por esta arterial vial. La alcantarilla quedó sin protección después de que el tráfico desbaratara en reiteradas oportunidades la reja de acero que cubría la zanja horizontal, dejando un hueco profundo y expuesto.
Las fugas constantes de tuberías rotas y bocas de visita desbordadas vierten agua las 24 horas del día hacia el desagüe, a pesar de que el suministro llega de forma intermitente a esta comunidad fundada hace más de 80 años, con calles que alguna vez fueron de tierra y sin red de aguas negras ni asfaltado generalizado.
Carmen Ortiz, vecina con más de 70 años en la calle Morazán, recuerda su llegada al sector cuando los accesos eran caminos polvorientos, las casas mayormente de zinc y pocas viviendas sociales entregadas por el Gobierno de la época. «La alcantarilla se volvió una amenaza después de que amigos de lo ajeno se llevaron las rejas que la protegían y que los mismos vecinos instalamos», relata con preocupación.
Ladrones de material estratégico
Ortiz cuenta que, tras los primeros robos del enrejado de hierro, los vecinos se organizaron y colocaron planchones de acero para tapar el hueco. Sin embargo, los delincuentes regresan una y otra vez para hurtarlos, dejando el colector al descubierto. «En este sumidero de aguas lluvias y residuales han caído varios vehículos y motorizados, que salen con graves lesiones. Las víctimas han tenido que ser trasladadas de emergencia por las heridas sufridas al precipitarse en la zanja», detalla.
La septuagenaria sabe que los culpables son los ladrones de material estratégico, pero insiste en que la responsabilidad de solucionar esta situación recae en las autoridades, «antes de que muera una persona al caer en ese hoyo». Ortiz exige a la gobernadora del estado Bolívar y al alcalde de Caroní que envíen una cuadrilla especializada para reparar la alcantarilla de forma definitiva.
Asimismo, pide a expertos de Hidrobolívar que atiendan los botes de agua y cloacas desbordadas que inundan la vía. «Además, solicito al personal de Corpoelec que instale lámparas en los postes, porque de noche la calle se convierte en una boca de lobo. La oscuridad impide que los transeúntes vean el peligro que acecha en la vía», concluye la residente, cuya voz representa el clamor colectivo de un barrio histórico olvidado.
¡Síguenos en nuestras redes sociales y descargar la app!










