Nueva Delhi.- Han pasado 10 años desde la condena a los directivos de la compañía estadounidense responsable de la catástrofe que mató con gas tóxico a más de 5.000 personas en la ciudad india de Bhopal, una falla industrial que décadas después sigue quitando vidas y de la que se sigue esperando justicia.

La sentencia del 7 de junio de 2010 a dos años de prisión y una fianza de 2.500 dólares, dictada 25 años después de la tragedia, dejó a los ocho directivos de la planta de pesticidas norteamericana Union Carbide sin cumplir ni un solo día de cárcel.

Este es a día de hoy el único castigo penal por uno de los mayores accidentes industriales de la historia.

«Es cierto lo que dicen de que la justicia es ciega, lo puedes ver aquí en Bhopal, donde la justicia no ha venido a mirar», dice a Efe Rashida Appa, sobreviviente de la medianoche del 2 de diciembre de 1984, cuando una fuga 42 toneladas de isocianato de metilo -un potente químico usado para la fábrica de pesticidas- convirtió a gran parte de la ciudad en una cámara de gas.

Centenares de personas cayeron instantáneamente al suelo luego de tratar de correr desde sus chabolas. Aquella noche las calles estaban llenas de cuerpos «y todo corríamos para salvar nuestras vidas», recuerda Rashida.

Unas 3.500 personas murieron instantáneamente esa medianoche y otras 2.000 en los días siguientes, según datos del Gobierno de la India, que señalan además que medio millón de personas de la ciudad -que en 1984 tenía alrededor de 850.000 habitantes- fueron afectados por la fuga.

La organización Campaña Internacional por Justicia en Bhopal (ICJB), dirigida por un grupo de víctimas y activistas, aseguró a Efe que 22.000 personas han muerto en las últimas tres décadas y media producto de las lesiones del masivo envenenamiento, mientras que otras 150.000 sobreviven con graves discapacidades.

El acuerdo establecido por la justicia india ordenó una compensación de 500 dólares para cada uno de los afectados, pero «nadie ha vuelto a ser el mismo desde aquella noche», dice Rashida.

NI UNA HORA DE CÁRCEL

Ninguno de los condenados, todos de nacionalidad india, fueron a prisión «ni siquiera una hora. Todos consiguieron fianzas el mismo día y fueron puestos en libertad. De hecho fueron siempre tratados como ‘personas especiales», según Rachna Dhingra, portavoz de Acción por Bhopal.

Durante los últimos 10 años las víctimas han apelado la decisión en varias instancias judiciales del país, tratando de rebatir la calificación de «muerte por negligencia» con la que fueron juzgados los directivos, una tipología que castigó la tragedia de Bhopal con el mismo delito con el que se pena una muerte causada por un accidente de tránsito.

Las peticiones de apelación se han enfrentando a las trabas del sistema de justicia indio, sin que se haya celebrado ni una sola audiencia hasta ahora.

«Para haber matado a más de 25.000 personas, estas ocho personas han conseguido una vida verdaderamente confortable», lamenta Dhingra.

Además de los ocho ejecutivos, el norteamericano Warren M. Anderson, presidente de Unión Carbide en el momento de la tragedia, nunca fue extraditado de Estados Unidos, y «murió a los 92 años, como un hombre libre, cómodamente en su residencia en Nueva York», continuó la activista.

La responsabilidad fue atribuida directamente a los responsables de la planta por las organizaciones defensoras y las víctimas que sostienen que en la construcción de las instalaciones en la India se omitieron importantes requerimientos de seguridad, que sí poseía su planta en Estados Unidos, para aminorar un 30 % del costo.

Entre estas omisiones, cita ICJB, la compañía norteamericana excluyó sensores de aire y de temperatura dentro de la planta, lo que convirtió la piel y los ojos de los obreros indios en las alarmas de cualquier falla.

BHOPAL SIGUE MURIENDO

El impacto de la fuga alteró el aire, los suelos y el agua de la ciudad, especialmente en las proximidades de lo que fue la fábrica donde los niveles de toxicidad son hasta siete veces más altos en comparación con zonas que no fueron afectadas.

«Las cosas han cambiado mucho para las personas de Bhopal desde entonces. Quienes estuvimos expuestos al gas tenemos problemas respiratorios y otros problemas de salud, y debido a ello no podemos hacer trabajos que solíamos hacer antes», explica Rashida que tiene ahora 64 años.

Estudios citados por la ICJB aseguran que la tasa de defectos de nacimiento en las áreas contaminadas es diez veces mayor que en el resto de la India, así como el aumento significativo de padecimientos de cáncer y otras enfermedades.

Casi un millar de niños de tres generaciones distintas nacidas tras el accidente han nacido con malformaciones, problemas de sordera, u otros padecimientos relacionados con el efecto de la toxicidad.

En medio de la propagación del coronavirus en la India, los sobrevivientes de 1986 sufren también un desproporcionado impacto por la enfermedad, siendo 36 de los 51 muertos reportados a día de hoy en la ciudad.

Los accidentes industriales son frecuentes en la India, principalmente a causa del precario estado de las infraestructuras y a la falta de mantenimiento, factores alimentados por la corrupción y prácticas ilegales en el sector de la construcción.

Hace un mes la fuga en una fábrica mató a por lo menos 50 personas, «todo eso ocurrió ante nuestros ojos y vimos como fueron interpretados como delitos de negligencia», señala Dhingra,

El aniversario de esta condena marca una década de la jurisprudencia que permite a «las compañías trasnacionales evadir la justicia con acusaciones por negligencia cuando no son menos que asesinos», concluye.

Indira Guerrero EFE

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