No cabe duda que las circunstancias que hemos vivido durante los últimos tiempos han complicado la consecución de los objetivos contenidos en la Agenda 2030. Según un informe sobre “Desarrollo Sostenible 2022”, llevado a cabo por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (Sustainable Development Solutions Network o SDSN), los indicadores alertan de valores por debajo de lo esperado en el ámbito climático, la biodiversidad y la digitalización.

Para muchos, la digitalización y las ciudades inteligentes tienen mucho que ver con la sostenibilidad, y son la principal vía que existe en Venezuela, y en la mayor parte de Lationamérica, para aplicar los avances tecnológicos de una manera positiva, mejorando la forma en la que nos relacionamos con el mundo.

Hasta la fecha, hemos visto cambios sustanciales en todos los sectores económicos. Estos cambios, directamente relacionados con la digitalización, han hecho que, por ejemplo, podamos acceder a servicios de manera instantánea sin tener que desplazarnos. Esto ha implicado una consecuente reducción de la contaminación derivada de los desplazamientos geográficos.

Un claro ejemplo de ello lo encontramos en el sector de los juegos de casino. Plataformas como VegasSlotsOnline ofrecen a los usuarios más de 10.000 tragamonedas gratis, 1.200 reseñas de casinos online y una gran cantidad de información sobre bonos y descuentos. Este tipo de estrategias digitales han posibilitado que el sector se convierta en uno de los más florecientes en el ámbito del ocio y del entretenimiento, y ha desplazado considerablemente a los emplazamientos físicos. Para muchos expertos, la clave está en proporcionar a los usuarios alternativas como esta, más cómodas y accesibles, a la vez que se reduce el impacto ambiental.

En conceptos como este se fundamentan las ciudades inteligentes: conectividad generalizada para optimizar la comunicación y la accesibilidad, medios de transporte más eficientes o reducción del consumo de energía y contaminación.

En cualquier caso, los juegos de casino constituyen solo un ejemplo de cómo se ha transformado la economía, con la evidente intención de aumentar los beneficios, pero también evitando un mayor impacto ambiental. Otro caso evidente, donde el formato físico, más contaminante, se ha cambiado por uno digital es en el ámbito de los contenidos audiovisuales y la música.

En lo que respecta a la música, mientras que antes comprábamos CD o casetes, con el ingente consumo de plástico que conllevaban, en la actualidad recurrimos a plataformas como Spotify, donde, gratuitamente debido a la emisión de comerciales, podemos disfrutar de una oferta prácticamente global y generalizada; y, a través de pequeños pagos mensuales, disfrutar de esta oferta en calidad óptima y sin emplazamientos publicitarios.

Algo similar ha ocurrido en el ámbito de los contenidos audiovisuales, donde hemos sustituido la compra de DVD o, más recientemente, Blu-ray, por el consumo de plataformas de streaming como Netflix, donde, al igual que ocurre con Spotify pero sin alternativa gratuita, podemos acceder a un amplio catálogo de contenidos por un módico pago mensual. Las plataformas de streaming han revolucionado, al igual que los juegos de casino y las plataformas de música online, la manera que tenemos de entender la industria, y se han convertido en una fuente de ingresos difícilmente imaginable hace unos años. A la vez, han conllevado una considerable reducción de la huella ambiental.

Estos ejemplos resultan cruciales a la hora de entender cómo la tecnología puede convertirse en una aliada, no solo para las empresas, que incrementan drásticamente sus beneficios al implementar este tipo de plataformas de consumo digital frente a las alternativas físicas, sino para la humanidad en general.

La manera en la que consumimos es, sin duda, una de las claves a la hora de combatir el impacto negativo que el ser humano produce sobre el planeta, y la única manera de alcanzar los ambiciosos objetivos contenidos en la Agenda 2030. Si, cada día más, tomamos buena nota de las estrategias puestas en práctica por equipos muy capacitados de profesionales en el mundo empresarial, y las extrapolamos a un entorno institucional o social, podremos beneficiarnos de algunas de las mayores bondades de la evolución digital, y nos relacionaremos de una manera más sana con el planeta.