
Comprar un videojuego y no poder volver a utilizarlo pasado un tiempo ha centrado este jueves un debate en el Parlamento Europeo sobre la llamada «destrucción intencionada» de títulos digitales, ante el reclamo de más de un millón de jugadores europeos que exigen una legislación que garantice su vida infinita, herramientas para «revivir» los títulos digitales o reembolsos justos.
Los responsables de la iniciativa ciudadana «Alto a la destrucción de los videojuegos» (Stop destroying videogames, en inglés) han llevado hoy a la Eurocámara de Estrasburgo su advertencia sobre la «desprotección» de los jugadores de la UE ante una práctica empleada por grandes distribuidores que desactivan deliberadamente videojuegos de forma remota e impiden su acceso y uso a sus clientes.
«Cuando una empresa deja de dar soporte a un juego que la gente ya ha comprado y pagado, debe dejar el juego funcionando. Exigimos que aquello por lo que pagamos no pueda ser destruido deliberadamente. Existe una clara necesidad de una nueva legislación europea», explica a EFE el director del movimiento de consumidores, el alemán Moritz Katzner.
La iniciativa ciudadana considera que la desconexión del juego por parte de las plataformas es contraria a los derechos de propiedad de los consumidores, y por ello exigen que se legisle para prohibir el fin de su vida útil.
Por ejemplo, proponen modificar la futura ley de equidad digital de la UE o añadir esta práctica en la directiva de cláusulas abusivas de 1993.
Katzner sugiere como ‘plan B’ que se dé a los consumidores herramientas para «revivir el juego» en caso de cierre remoto, «pero sin perseguirlos si lo hacen, ya que actualmente eso puede ser ilegal».
«Y como última solución, si no quieren hacer nada de eso, creo que es razonable considerar un reembolso», dice.
La causa: una «posición de fuerza» de las plataformas
Según detalla el asesor legal de esta iniciativa, el español Alberto Hidalgo, esta práctica «claramente perjuidicial» viene dada por la «posición de fuerza» de las plataformas de videojuegos, que son las que redactan las normas de los contratos.
«Quien redacta el contrato y puede poner lo que le dé la absoluta gana es la parte fuerte, los distribuidores, compañías… Y los consumidores tienen dos opciones: aceptar o quedarse completamente fuera de la era digital», subraya el asesor.
El problema, expone Hidalgo, es que mientras los videojuegos son hoy mayoritariamente digitales (y, por tanto, más dependientes a una posible desconexión automática), la legislación no se adapta a ese contexto: «Si la tecnología evoluciona, pero los derechos se quedan atrás, yo creo que como sociedad no estamos avanzando realmente».
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