A las puertas de cumplir 95 años, la figura de Raúl Castro Ruz sigue encarnando el ala más pragmática, hermética y organizativa de la Revolución Cubana.

Mientras su hermano Fidel dominaba los micrófonos y las masas con una retórica inflamada, Raúl construyó, desde el silencio operativo, el verdadero sostén del régimen: las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

Hoy, retirado de los cargos oficiales pero consolidado como el «líder histórico» de la isla, su largo historial político afronta su hora más oscura en el plano internacional.

La reciente e histórica imputación federal por parte del Departamento de Justicia de los Estados Unidos en Miami lo coloca, en el epílogo de su vida, ante cargos de asesinato y conspiración que reviven los fantasmas más tensos de la Guerra Fría.

 El nacimiento del cuadro radical

A diferencia de Fidel, cuya juventud estuvo marcada por la política universitaria de tendencias nacionalistas, Raúl Castro se aproximó temprano al marxismo ortodoxo.

En 1953, tras un viaje por la Europa socialista Detrás del Telón de Acero, se integró a la Juventud Socialista, vinculada al Partido Socialista Popular (comunista).

Su bautismo de fuego ocurrió el 26 de julio de 1953 en el asalto al Cuartel Moncada. Aunque la operación militar contra la dictadura de Fulgencio Batista fue un fracaso rotundo, Raúl demostró sangre fría: tomó el control del Palacio de Justicia de Santiago de Cuba y, tras ser capturado y amnistiado junto a su hermano, partió al exilio en México.

Fue allí donde Raúl desempeñó un papel histórico clave: introdujo a un joven médico argentino llamado Ernesto «Che» Guevara en el círculo íntimo de Fidel, sellando el destino ideológico del movimiento.

En 1956, a bordo del yate Granma, desembarcó en las costas orientales de Cuba. En la Sierra Maestra, al frente del Segundo Frente Oriental «Frank País», Raúl no solo demostró dotes de mando militar, sino también de administrador minucioso.

Creó departamentos de sanidad, educación y justicia en los territorios bajo su control, un micro-Estado que sirvió de ensayo general para lo que vendría después.

El arquitecto del Estado Verde Olivo (1959–2006)

Con el triunfo de la Revolución en enero de 1959, Raúl Castro asumió el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), cargo que ocupó de forma ininterrumpida durante casi medio siglo. Desde este despacho, convirtió a un ejército guerrillero indisciplinado en una maquinaria militar profesional y altamente ideologizada, capaz de intervenir en conflictos globales como las guerras de Angola y Etiopía.

Cuando la Unión Soviética colapsó en 1991 y Cuba se sumergió en el devastador «Período Especial», Raúl aplicó el pragmatismo que lo caracterizaría. Introdujo las técnicas de dirección empresarial capitalistas en el seno de las FAR, transformando a los militares en los principales administradores de la economía cubana, especialmente a través de GAESA, el conglomerado empresarial que hoy controla el turismo, las remesas y el comercio exterior de la isla.

Su consigna de aquellos años definió su visión geopolítica: “Para la Revolución, el frijol es tan importante como los cañones”.

La era de la reforma

En julio de 2006, la grave enfermedad de Fidel Castro obligó a un traspaso de poderes que muchos analistas consideraron el fin inminente del régimen. Sin embargo, Raúl asumió el mando con mano de hierro y una agenda de reformas lentas pero estructurales.

En 2018, cumpliendo su promesa de limitar los mandatos políticos, entregó la presidencia de los Consejos de Estado a Miguel Díaz-Canel, y en 2021 hizo lo propio con la jefatura del Partido Comunista de Cuba (PCC). Era el fin formal de la era de la gerontocracia de Sierra Maestra.

 Crisis interna y el frente judicial en EE. UU.

Pese a su retiro formal, Raúl Castro sigue operando como el árbitro de última instancia del Politburó cubano. En los últimos meses se le ha visto activo en actos públicos de gran envergadura, como el desfile del Primero de Mayo o conmemoraciones patrióticas junto a Díaz-Canel, intentando proyectar una imagen de unidad en medio de la peor crisis energética y económica que padece la isla caribeña, agravada por el éxodo masivo de su población.

No obstante, el panorama del exmandatario dio un vuelco radical esta semana en los tribunales estadounidenses. El Departamento de Justicia de EE. UU., bajo la actual administración de Donald Trump, presentó una acusación formal en una corte federal de Miami contra Raúl Castro por cargos de asesinato, conspiración para matar a ciudadanos estadounidenses y destrucción de aeronaves.

El origen del caso

La justicia norteamericana imputa al General de Ejército por haber ordenado directamente, en su condición de ministro de Defensa en 1996, el derribo de dos avionetas civiles de la organización de exiliados Hermanos al Rescate por parte de cazas MiG cubanos, un incidente en el que murieron cuatro pilotos.

El fiscal general interino de EE. UU., Todd Blanche, lideró el anuncio desde la emblemática Torre de la Libertad de Miami. La acusación formal, que contempla sanciones extremas como la cadena perpetua o la pena de muerte, representa la mayor escalada de presión de Washington contra La Habana en décadas.

La Casa Blanca ya ha deslizado advertencias explícitas al entorno de Castro, trazando paralelismos con operaciones de captura internacional ejecutadas previamente en la región.

Mientras el gobierno de Miguel Díaz-Canel tacha la medida de «agresión cruel y despiadada», el cerco sobre el último de los Castro se cierra en los tribunales internacionales, marcando el capítulo final, y profundamente litigioso, de una de las biografías políticas más longevas del siglo XX. (IA G. Redda)

 

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