
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, transformó este martes su intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en una clara plataforma de tono electoral, con un discurso impregnado por la proximidad de las elecciones presidenciales del próximo 4 de octubre.
En su décima participación ante el foro multilateral —y la última de su actual periodo de gobierno—, el líder progresista realizó un balance de gestión con marcado acento soberanista, definiéndose como «un obrero elegido tres veces presidente» que busca un cuarto mandato no consecutivo. Durante su alocución, enmarcó la contienda electoral como un dilema entre «democracia y negacionismo», en alusión directa a su principal contendor, el senador Flávio Bolsonaro.
Defensa del sistema electoral y soberanía nacional
El mandatario alzó una firme defensa del sistema de votación brasileño, al que calificó de «moderno, robusto y transparente», asegurando que el proceso garantiza una amplia libertad de expresión para todos los aspirantes.
No obstante, advirtió desde el atril internacional que no permitirá que actores internos o externos atenten contra la voluntad popular mediante campañas de desinformación. «La democracia brasileña pertenece a los brasileños. Brasil continuará siendo un país soberano; nadie nos alejará de ese camino», aseveró.
Seguridad pública y lucha contra el crimen organizado
Abordando uno de los temas de mayor preocupación en la opinión pública brasileña, Lula afirmó que su administración está preparada para combatir la delincuencia en todos sus niveles, apuntando de forma directa a «los magnates del crimen» y vinculando estas redes con las estructuras de corrupción.
«El combate a la corrupción continuará implacable, le duela a quien le duela», manifestó ante los jefes de Estado presentes, destacando además las cifras récord logradas por los organismos de seguridad en la incautación de drogas y bienes ilícitos.
Reducción de la jornada laboral y regulación a las apuestas en línea
En el plano socioeconómico, el jefe de Estado respaldó el modelo de desarrollo impulsado por el Partido de los Trabajadores (PT), enfocado en la redistribución del ingreso y la generación de empleo. En ese contexto, situó en el centro del debate la propuesta de reducir la semana de trabajo de seis a cinco días para garantizar dos días libres continuos a la fuerza laboral, proyecto que tras ser aprobado en la Cámara de Diputados espera su debate en el Senado.
Asimismo, el gobernante alertó sobre el avance desenfrenado de las casas de apuestas en línea, señalando que este negocio «transforma el vicio en lucro» y provoca el endeudamiento de miles de familias.
Finalmente, reafirmó la defensa de la soberanía financiera del país mediante la protección de la plataforma pública de pagos instantáneos PIX frente a presiones de privatización, y destacó los avances legislativos para resguardar a niños y adolescentes en el entorno digital, así como la justa remuneración para los creadores de contenido cultural.
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