

Más de 70 años después de fundadas las calles La Rosa y El Edén, ubicadas a un costado de la avenida Manuel Piar en San Félix, sus residentes continúan esperando por obras fundamentales como el asfaltado, la construcción de aceras, brocales y la mejora integral de los servicios básicos.
De acuerdo con el censo local, aproximadamente 186 familias habitan en estas dos vías de acceso sin salida, y en una tercera parte de la zona adyacente a la avenida Manuel Piar, a un lado del Motel El Castillete. Estos terrenos, en su origen, formaban parte de propiedades privadas que con el paso del tiempo fueron cedidas y habitadas por familiares y allegados en busca de una mejor calidad de vida.
María Epifanía Lima, nieta de los antiguos pobladores que llegaron a la zona provenientes de Maturín, estado Monagas, recuerda que el área era inicialmente solo vegetación y que la actual avenida Manuel Piar no existía.
«La calle La Rosa y El Edén son vías de acceso que no tienen salida, mejor dicho, son ciegas. Los pocos servicios que poseemos en el barrio han sido por nuestros propios recursos; la red de aguas negras los mismos vecinos la canalizaron, mientras que el servicio eléctrico se hizo a través de la autogestión con la ayuda de la antigua Eleoriente, que ahora es Corpoelec», relató.
Una agonía constante durante la temporada de lluvias
Para habitantes como María Lima, madre de cinco hijos y once nietos, la época de precipitaciones se transforma en una pesadilla. La calle La Rosa, que en temporada seca es un camino de arena, se convierte en un lodazal intransitable. El problema medular radica en que la zanja que atraviesa las entradas de ambas calles carece de embaulamiento, lo que provoca que las aguas de lluvia se desborden e ingresen sin control a las viviendas.
Los vecinos exigen que la pequeña cárcava sea embaulada urgentemente y que las calles sean pavimentadas con sus respectivas aceras y brocales. Adicionalmente, denuncian que el servicio eléctrico es sumamente deficiente, con fluctuaciones y apagones constantes que han provocado la pérdida de electrodomésticos.
El impacto de las fallas de servicios en la economía local
La falta de infraestructura adecuada afecta directamente la calidad de vida y el trabajo de los residentes. Pedro Subero, carpintero de profesión, es uno de los más perjudicados por las anegaciones. Su hogar y taller familiar han sido inundados en múltiples ocasiones debido a que las corrientes de agua no tienen por dónde circular.
A esta problemática se suma la crisis económica y los cortes eléctricos no programados. Subero explica que los costos de los insumos son elevados y muy difíciles de sufragar en divisas en efectivo, mientras que los constantes apagones que se repiten de tres a cuatro veces al día, le impiden cumplir con la entrega oportuna de sus trabajos de carpintería, mermando severamente sus ingresos.
El llamado urgente a las autoridades regionales y municipales
Ante este panorama de vulnerabilidad, los lugareños hacen un llamado directo a la Gobernación del Estado Bolívar y a la Alcaldía de Caroní para que incluyan dentro de sus proyectos prioritarios la canalización y embaulamiento de la zanja que atraviesa el sector, evitando así que el problema evolucione hacia una cárcava de mayores proporciones que ponga en riesgo la estabilidad de sus hogares.
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