

Un fuerte impacto en la cabeza dejó a Marlene Santana, de 69 años, atrapada bajo toneladas de hormigón. El doble terremoto del pasado miércoles provocó el derrumbe total de su vivienda de cuatro pisos en la urbanización Playa Grande. La estructura representaba un símbolo familiar de resistencia, pues había salido ilesa de los deslaves de 1999 que devastaron el estado La Guaira (entonces denominado Vargas). Tras permanecer sepultada durante casi tres días, Santana fue rescatada en una operación extrema y, de forma sorpresiva, lo primero que solicitó al salir a la superficie fue una Coca-Cola.
«Yo pongo la cabecita en la pared y digo: ‘Dios mío, aquí como que se perdió todo en la urbanización Playa Grande porque hay mucho silencio'», rememoró Santana durante una entrevista, reconociendo que el trauma le ha dejado algunas lagunas mentales. En los primeros instantes del siniestro, la mujer escuchó los quejidos de su hermana debido a una lesión en la pierna, pero con el paso de las horas dejó de percibir su voz. En el mismo inmueble se encontraban también su esposo y su hija en el momento de las sacudidas.
Supervivencia en la oscuridad absoluta
Guiada por los pocos objetos que lograba palpar en la penumbra, Santana dedujo que había quedado confinada en el área de la cocina al tocar una taza que utilizaba a diario para tomar café. «Cuando levantaba la mano y tocaba, era un espacio muy reducido. Tocaba a los lados y no sabía si era pared o madera. No descifrábamos nada porque no teníamos luz, no teníamos absolutamente nada», describió sobre las condiciones de su encierro.
La luz al final del túnel llegó cuando percibió el ladrido de un canino especializado en la localización de personas con vida. Poco después, entabló contacto con los rescatistas de El Salvador, quienes forman parte del contingente de asistencia internacional desplegado en Venezuela. Los operarios centroamericanos la instaron a arrastrarse hacia la abertura, pero las severas heridas y cortes en su espalda le impedían moverse con facilidad, por lo que el equipo procedió a suministrarle agua para reanimarla.

Un último esfuerzo bajo tierra
Ante la fatiga de la víctima, los rescatistas salvadoreños la motivaron a realizar un intento definitivo. «Les decía: ‘no puedo más, porque estoy destrozada por debajo, mi espalda’. Ellos me respondían: ‘Señora Marlene, haga un sacrificio más'», relató. Santana solicitó cinco minutos de tregua para recuperar fuerzas, pero el personal le otorgó solo dos debido al riesgo inminente de réplicas. Apoyada en técnicas de manejo de oxígeno que aprendió con su neumonólogo para controlar la asfixia, la mujer logró avanzar hasta ser extraída por los brigadistas.
Su posterior solicitud de una bebida gaseosa fue comentada públicamente por el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, a través de sus canales oficiales: «Al salir de entre los escombros, doña Marlene nos pidió una Coca-Cola. Nuestros médicos le explicaron que, por el momento, lo más importante era hidratarla por vía intravenosa para estabilizarla», detalló el mandatario.
Incertidumbre en el centro de salud
Actualmente, Santana evoluciona favorablemente en las instalaciones de un hospital público ubicado en el este de Caracas. A pesar de su mejoría física, la sobreviviente manifiesta una profunda angustia debido a la falta de información respecto al estado y paradero del resto de los ocupantes de la vivienda colapsada. «Mi hija vivía en la segunda planta. No sé nada de ella. No sé nada de mi esposo. No sé nada de mi hermana», lamentó desde su cama de recuperación.
La emergencia nacional continúa activa mientras las brigadas de salvamento locales e internacionales superan las 120 horas continuas de operaciones en las zonas de desastre. De acuerdo con los balances oficiales emitidos por las instituciones gubernamentales, el doble evento telúrico ha causado de manera directa al menos 1.719 fallecidos y 5.034 heridos, consolidando una de las peores crisis humanitarias en la historia contemporánea de la nación.
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