El aumento del precio y la demanda de oro y la proliferación de la minería aurífera artesanal, sobre todo en la cuenca amazónica, obligan a «actualizar el Convenio de Minamata sobre el control del mercurio» y la contaminación que produce esa actividad, afirma el relator de Naciones Unidas sobre Tóxicos y Derechos Humanos, Marcos A. Orellana.

Orellana habla con EFE en el marco de la celebración el 23 de febrero del Día del Compromiso Internacional del Control del Mercurio y afirma que hay varias actividades humanas que liberan mercurio, entre ellas la industria química, las fundiciones, los complejos metalúrgicos y la minería, que «como actividad extractiva tiene un impacto a nivel global por contaminación de mercurio».

Pero, apunta, «es importante» distinguir la minería a gran escala, que ciertamente emite y libera mercurio al medioambiente, frente a la de pequeña escala y artesanal, que «está aumentando y que es en este momento la mayor fuente de emisiones y liberaciones de contaminación del mercurio en el mundo».

Minería artesanal emite el 38%

«Más de un 38% del total de emisiones y contaminación es generado por la pequeña minería, la cual muchas veces está fuera del control del Estado. Le sigue la combustión de carbón al 21%», detalla.

La diferencia de la minería artesanal es «tremendamente mayor» en relación a la segunda, y a ello se añade que «esta pequeña minería va en aumento a nivel global», apunta Orellana, experto en derecho internacional y en derecho relativo a los derechos humanos y el medioambiente.

Sostiene que esto se explica por «el aumento del precio del oro en los mercados internacionales, lo cual apunta que el extractivismo es una de las causas de la contaminación por mercurio a nivel global».

Con el objetivo de luchar contra esta contaminación, en 2013 se firmó el Convenio de Minamata, que «busca abordar todo el ciclo de vida del mercurio», prohíbe ciertos productos con mercurio añadido y aborda procesos industriales que lo utilizan, actividades que liberan mercurio, así como fuentes de suministro, es decir, las minas con obligaciones de no abrir nuevas explotaciones y cerrar las existentes en determinados plazos.

Sin embargo, afirma el relator, «el Convenio de Minamata también enfrenta desafíos y también adolece de ciertas brechas».

Brechas en pequeña minería

En su opinión, «una de esas brechas es en relación con la minería aurífera a pequeña escala, la mayor fuente contaminante de mercurio en el mundo. Sin embargo, el Convenio de Minamata considera que el mercurio en esta actividad es un uso permitido».

Asegura que «esto deberá cambiar porque la visión del Convenio es de una reducción gradual, pero esta visión no está siendo realizada en la realidad, en parte por la dimensión ilegal de la minería a pequeña escala en algunos lugares» y, en parte, «por la presión del mercado y los precios del oro, y por la falta de diligencia debida de los compradores del oro que se encuentran en el Reino Unido, Suiza, Italia, la India y Emiratos Árabes Unidos».

Impacto en derechos humanos

«Estas refinerías no distinguen cuál es el origen del oro que compran y si ha sido extraído utilizando mercurio o ha sido extraído con violación de derechos humanos, con trabajo infantil o en situaciones de desplazamiento de pueblos indígenas o violencia sexual en contra de niñas y mujeres».

Subraya que «todo esto está documentado y es algo que el Convenio de Minamata debería abordar de manera efectiva para poner fin al flagelo de la contaminación por mercurio generada por la pequeña minería aurífera».

«Resulta imperativo cerrar las brechas del convenio con urgencia para poner fin a las fuentes de contaminación y, de esa manera, proteger de manera efectiva la salud de las personas y la salud del medioambiente».

Orellana recuerda que «el mercurio es un elemento extremadamente persistente; una vez liberado al ambiente, la contaminación permanece y, hasta que el medioambiente es restaurado, el legado de contaminación puede subsistir por décadas».

Pero resalta que la contaminación por mercurio «no es solamente un problema de legados de contaminación» y subraya que en la actualidad «la minería aurífera a pequeña escala está generando graves impactos de contaminación en la cuenca amazónica, en el África Occidental, en el Sudeste asiático».

Aunque se denomina minería de pequeña escala, asevera, «el impacto que tiene esta actividad en el medioambiente y en los pueblos indígenas y los mismos mineros que la practican es de alta escala, es severa. Entonces de pequeña escala, en realidad no tiene mucho».

Subraya que «esto está generando sitios contaminados y graves impactos en toda la cuenca amazónica, desde Venezuela, pasando por Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia. Y en algunos lugares esta minería a pequeña escala ciertamente es ilegal como en Colombia o Ecuador».

Pero en otros es legal, entonces es una actividad y una contaminación legalizada por el Estado, lo que también evidencia algunas de las brechas y vacíos del Convenio de Minamata, concluye.

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