Una verdadera plaga de antisociales, acompañados de niños en situación de calle, ha convertido la zona comercial en un campo de batalla nocturno. Desde las seis de la tarde, los negocios quedan desprotegidos ante estas hordas que irrumpen sin piedad, hurtando desde un simple bombillo hasta llaves de paso de tuberías, dejando tras de sí un rastro de destrozos e inundaciones.
Comerciantes, hartos de la impunidad, elevan su voz de protesta: «Estamos vulnerables. No solo roban objetos de valor, sino que causan daños materiales que nos dejan en la ruina», denuncia uno de los afectados, quien prefiere el anonimato por temor a represalias.
El epicentro del caos se ubica en el Edificio Mina, contiguo a las oficinas de Ipostel, donde los hampones rompieron la tubería de agua y robaron la llave de paso. El resultado, una inundación que anegó los alrededores y dañó materiales de oficina en locales invadidos.
Testigos oculares relatan cómo estos individuos, cargados como «bachacos» con objetos robados al hombro, merodean por la Carrera Padre Pedro, Calle Guasipati, Carrera Upata, Las Américas y Paseo Rotario a altas horas de la noche. «Los vemos pasar con cables de alta tensión, aluminio, hierro y cobre arrancados de pasillos y edificios abandonados», aseguran los comerciantes, que han visto desmantelados por completo negocios vacíos en la zona.
Guaridas en construcciones fantasmas
La investigación preliminar apunta a escondites conocidos en estructuras abandonadas que sirven de refugio a estas bandas. Una de las principales «guaridas» es la construcción inconclusa de la Universidad Gran Mariscal de Ayacucho, ubicada en la Avenida Ciudad Bolívar, justo al lado del Banco Mercantil. Allí, según denuncias, los antisociales y niños vulnerables se repliegan tras sus fechorías, consumiendo o almacenando el botín. Otro punto caliente es el edificio desolado en la Calle Caicara, detrás del Centro Comercial Topacio, donde se han avistado movimientos sospechosos repetidas veces.
No es un hecho aislado. Los comerciantes confiesan que han alzado la voz en múltiples ocasiones, pero la respuesta ha sido nula, los delincuentes no solo persisten, sino que se multiplican y dispersan por distintos sectores de la zona comercial.
«Aprovechan la oscuridad para despojarlo todo, desde bombillos en pasillos hasta el último gramo de metal», detalla un testigo que presenció el desmantelamiento de un local abandonado. Autoridades locales no han emitido pronunciamientos oficiales, pero la presión de los dueños de negocios crece, exigiendo patrullajes reforzados y operativos para erradicar estas guaridas.
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