Llegué a la estación para esperar el Bus que me llevaría al otro lado de la ciudad. Iba a una reunión y ya había esperado un buen tiempo en la parada.

¡No metas más viejos! Gritaba uno de los usuarios que esperaba para abordar en la larga fila de personas querían entrar al bus que iba de salida.

Del otro lado, en la fila de la tercera edad vi a una tía esperando casi de primera su turno. La salude brevemente pues debía ir a ponerme en la cola para el Bus que venía. 

Cuando llegó y avanzábamos para subir, la vi sentada conversado con otras señoras. Sentí alivio por ella.

Al tomar mi asiento en el vehículo, otra horda de viejitos entraba por el pasillo. Sus caritas agotadas, enrojecidas, maquilladas por el tiempo, nos invitaban a ser amables con ellos.

Uno de ellos llevó la misma expresión serena durante todo el recorrido. El aire acondicionado no estaba encendido. Una madre yacía de pie con su hijo sin que nadie le diera el puesto. Se empujaban unos a otros cada vez que pasábamos un bache o las puertas se abrían. Solo se distinguían en medio del tumulto unas leves carcajadas.

Eran ciertas. Yo no lo podía creer. -¿En verdad había alguien sonriendo en aquella unidad de transporte tan acalorada?- Pensé. Cuando vi sus ojos supe que era auténtica su alegría. -No comprendo tu buen ánimo-, le dije.

De inmediato le hizo mi comentario a la persona que la acompañaba en un tono de voz que pude escuchar perfectamente. Daban la impresión de ir juntos al trabajo. Llevaban loncheras y ropa ejecutiva. Parecía su esposo por la forma en que se le acercó al oído y acto seguido sonrieron cómplices de la misma energía.

Ella me respondió con gran actitud, que a pesar de todas las dificultades a ella nada le quitaría su paz. Era en verdad convincente. En su rostro unas relucientes pestañas alargadas y una mirada radiante, la hacían parecer una niña, sin importar los años que tendría.

Pasábamos por el Cachamay. La brisa inundó con su olor a árboles  a través de las ventanas toda la unidad. Luego de eso el viaje tuvo un recorrido distinto.  

Leidy Ramírez/ [email protected]