Cuando se habla de innovación educativa, suele creerse que se trata de grandes transformaciones vinculadas siempre a la tecnología o cambios en la forma de enseñar que va más allá de lo que un docente maneja en su aula.
Sin embargo, innovar parte de lo que ya hacemos, se trata entonces de esos pequeños, pero significativos ajustes que hace el docente de manera consciente para lograr un impacto positivo en sus estudiantes, potenciando aquello que día a día comparte.
La innovación educativa inicia cuando el docente se hace preguntas profundas sobre su método de enseñanza respecto a cómo aprenden sus estudiantes, llevando las experiencias a un nivel de vivencia y comprensión mayor, vinculando todo lo enseñado con el contexto real e involucrando la creatividad.
Más allá de hacer todo distinto dentro de la clase, se trata de mantener la intención de hacer ese cambio en cualquiera de las etapas de una clase.
El docente innova cuando lleva al aula una pregunta disruptiva que fomente el pensamiento crítico, llevando a otro nivel el razonamiento y el intercambio a partir de una lectura o una imagen que pueda usar como referencia.
Pequeños cambios como ofrecer distintas formas de demostrar lo aprendido (quizás en un rally dentro del aula con estaciones, cambiando la disposición habitual del mobiliario) que permita que cada uno de los estudiantes se exprese de acuerdo a su potencialidad o talento, aquello que ha logrado aprender.
Incorporar espacios de reflexión al final de la clase con el uso de rutinas del pensamiento o ticket de salida, que permitan activar la metacognición, hacen que el aprendizaje sea más significativo.
También asignar roles rotativos a los estudiantes dentro de la dinámica de aula, que apoye el aprendizaje colaborativo, permite que el interés se despierte y se mantenga la expectativa de lo que viene en la próxima clase.
En un contexto educativo que se encuentra en constante transformación, corresponde practicar una innovación sostenible, lo que significa que el docente está llamado a hacer esos pequeños, pero relevantes ajustes y mantenerlos en el tiempo, de manera que permita el avance y la conexión con sus estudiantes.
Siempre con la mirada hacia la mejora, revisar cada ejecución y preguntarse cómo puede hacerse vinculando con las necesidades reales de los estudiantes.
Las tendencias que podamos encontrar en los diferentes medios con los que interactuamos diariamente, como aquellas ideas de dinámicas y recursos para el aula que encontramos en las redes sociales, son una referencia que tenemos, es importante que lo que se aplique en el aula tenga un verdadero sentido, intención y relevancia para el grupo de estudiantes, ya que no todo lo que es viral aplica para mi aula.
Se debe ajustar al trabajo que estamos realizando y responder al enfoque que el docente tenga para esa sesión de clase.
Innovar en la cotidianidad del aula es saber que cada docente cuenta con un cúmulo de experiencias, saberes, ideas, creatividad y recursos valiosos. A partir de esa base, es posible transformar el aula de forma progresiva y consciente.
Porque un pequeño cambio bien pensado y proyectado puede generar grandes impactos en nuestras aulas.
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