Lima.- Con tres meses de confinamiento social y la economía peruana al mínimo, el Gobierno de Martín Vizcarra está en la urgencia de abrir los grandes centros comerciales e impulsar la recuperación del empleo a pesar del escepticismo que genera reactivar la economía con la COVID-19 aún en alza.

«Entiendo que hay que plantearse una reactivación de la economía, lo que pasa es que tiene que ser con condiciones muy distintas y nuevas», resumió a Efe el economista Pedro Francke.

En opinión del catedrático, la noticia que Vizcarra dio el lunes de que se reabrirán esta semana los conglomerados y centros comerciales «es un anuncio que pareciera que no responde a la situación de la epidemia que vivimos, en el sentido que la famosa meseta no llegó, o estamos todavía en ella siendo muy optimistas».

DOS MILLONES SIN EMPLEO

Mientras que el número de personas contagiadas por el coronavirus superó los 230.000 en Perú y sigue a un ritmo de 3.000 diarias, el confinamiento ha provocado la pérdida de 2,3 millones de empleos en Lima, entre marzo y mayo, y elevó la tasa de desempleo a 13 % en ese trimestre, según la Encuesta Permanente de Empleo.

Asimismo, la producción nacional bajó 40 % en abril por el estado de emergencia decretado a raíz de la pandemia, con una caída acumulada de enero a abril del 13 %, de acuerdo al reporte del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).

Vizcarra fue uno de los primeros gobernantes de la región en aplicar una inmovilización obligatoria, para dar tiempo a implementar una mejor respuesta sanitaria en el país, pero las medidas económicas adoptadas resultaron insuficientes para un mercado laboral que es informal en un 70 %.

FALTARON MÁS BONOS

«Entiendo que las familias no tienen ingresos pero, a mi juicio, el gran problema es el bono», indicó Francke sobre el monto de 380 soles (algo más de 100 dólares) que el Gobierno destinó inicialmente a 5 millones de familias vulnerables.

El analista explicó que «la alternativa debía ser una entrega mucho más expeditiva y una segunda entrega del bono, antes que una reactivación rápida, que parece que puede tener costos en términos de salud pública bastante delicados».

Después de haber destinado el 12 % del PIB a responder a la pandemia, con líneas de crédito baratas, subsidios y bonos, el Ejecutivo reabrió algunas industrias y el comercio online, mientras que las calles se fueron llenando de vendedores ambulantes.

Este lunes, Vizcarra anunció igualmente el programa «Arranca Perú» para crear un millón de puestos de trabajo en obras de transporte, vivienda, agricultura e infraestructura con una inversión de 6.436 millones de soles.

CONTAGIOS EN EL TRANSPORTE

Para Francke, uno de los principales problemas en la reapertura de la economía es el transporte público, en el que se moviliza la mayoría de trabajadores, y planteó que se invierta para reformar este sistema e incrementar la flota de unidades.

«Tanto en el comercio minorista como el transporte, por lo menos, veo mucho riesgo que una ampliación de la actividad en estos rubros lleve a un mayor nivel de contagio», expresó.

Además, Francke manifestó sus dudas de que haya un equilibrio «entre los riesgos de salud pública y una propuesta que parece decir: metamos el acelerador a fondo».

EMPORIO TEXTIL EXIGE REABRIR

Desde la otra orilla, el empresario Diógenes Alva, presidente de la Coordinadora de Empresarios de Gamarra, el mayor conglomerado comercial del país, explicó a Efe que la larga cuarentena ha provocado pérdidas por 3.000 millones de soles (900 millones de dólares) a las 26.000 empresas que agrupa la organización.

Alva criticó la propuesta del Ministerio de la Producción de reiniciar las actividades en las galerías comerciales de Gamarra, ubicadas en el distrito limeño de La Victoria, a puertas cerradas y con venta por Internet.

«Yo le pediría al Gobierno: ¡basta ya de este abuso!, todos están trabajando, menos los conglomerados, nosotros hemos cumplido cabalmente con la cuarentena», afirmó Alva.

«No matemos a la gallina de los huevos de oro, por favor», añadió el líder gremial de Gamarra, un conglomerado que da empleo a 120.000 personas en talleres de confección, venta de insumos y de prendas de vestir.

CONTRABANDO EN LAS CALLES

A pesar de que varias industrias han ido ingresando a las primeras fases de reactivación, en Gamarra «ninguna actividad se ha restablecido, lo que se ha restablecido son las calles, que están llenas de ambulantes», se quejó Alva.

Precisamente, los vendedores ambulantes que han aparecido en las calles de La Victoria comercializan también prendas de contrabando, que son la competencia desleal de las confecciones de Gamarra.

«¿Están esperando que los formales se vuelvan informales? No creo, tienen que pensar que nosotros somos los que tributamos, los que damos mano de obra», afirmó.

El empresario pidió una «tregua» a la municipalidad de La Victoria y al gobierno para llegar a una fórmula que les permita volver a sus actividades, después de haber sufrido el cierre total.

«Acá no hay una igualdad, acá hay desigualdad, que trabaje el informal y que el formal no trabaje. Tanto protocolo nos exigen, me siento indignado», declaró Alva sobre el panorama que afrontan los pequeños y medianos empresarios de Gamarra.

Mónica Martínez EFE

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