En un contexto donde el cambio climático amenaza la supervivencia global del Ursus maritimus, una investigación reciente publicada en Scientific Reports ha arrojado datos sorprendentes.
Las poblaciones de osos polares en el archipiélago de Svalbard, Noruega, han mostrado un incremento en su masa corporal durante los últimos 20 años, un fenómeno que contradice las proyecciones más pesimistas para esta región del Ártico.
Este descubrimiento resulta particularmente desconcertante debido a la ubicación geográfica del estudio.
El mar de Barents, hogar de estos ejemplares, experimenta una pérdida de hielo marino a una tasa de cuatro días por año, una velocidad que duplica el promedio de otras zonas árticas, explica DW.
Jon Aars, científico del Instituto Polar Noruego, calificó la mejora en la condición física de los osos como «una sorpresa» frente al deterioro acelerado de su hábitat natural.
Nuevas estrategias de caza y alimentación
La clave de este robustecimiento reside en la capacidad de adaptación dietética. Ante la escasez de plataformas de hielo tradicionales para cazar focas, los depredadores de Svalbard han diversificado su menú.
Actualmente, consumen con mayor frecuencia renos y morsas, especies cuyas poblaciones se han recuperado significativamente tras años de protección contra la sobreexplotación humana.
Además de la caza en tierra, el comportamiento de las presas marinas ha jugado a favor de los osos. Las temperaturas elevadas obligan a las focas anilladas a concentrarse en áreas de hielo cada vez más reducidas, lo que facilita que los osos las localicen y capturen con menor esfuerzo metabólico.
El contraste con otras regiones polares
A pesar de las cifras positivas en Svalbard, donde se estima una población de entre 1,900 y 3,600 individuos, los expertos advierten que este no es un fenómeno global.
Investigadores como Sarah Cubaynes subrayan que en otras latitudes, como la bahía de Hudson, la situación es crítica. Allí, la falta de alimento ha provocado una caída drástica en la condición física de los osos e incluso ha forzado comportamientos extremos como el canibalismo.
Una tregua temporal frente al calentamiento
Los científicos son enfáticos: este bienestar podría ser una «dinámica transitoria». Aunque el consumo de renos ofrece un respiro, el oso polar sigue siendo un animal evolutivamente dependiente del hielo marino. Andrew Derocher, coautor del estudio, advierte que esta adaptación tiene un límite.
Finalmente, si el hielo continúa desapareciendo a este ritmo, llegará un punto de inflexión donde las presas alternativas no serán suficientes para sostener a la especie, marcando un destino inevitable para estos grandes carnívoros a finales de siglo.
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