
El secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Scott Bessent, argumentó que el país no necesita «generar tantos empleos» debido al impacto de la estrategia de deportaciones masivas implementada por la administración del presidente Donald Trump. Durante una entrevista concedida a la cadena CNBC para abordar el estado de la economía y la desaceleración del mercado laboral —que registró la pérdida de 23.000 puestos de trabajo en el último mes—, el funcionario sostuvo que los datos actuales resultan complejos de interpretar, pero enfatizó que la salida de inmigrantes permite que los ciudadanos estadounidenses ocupen las plazas vacantes.
Reactivación manufacturera frente al cierre fronterizo
En sus declaraciones, Bessent aseguró que «tras las deportaciones que hemos visto durante la administración del presidente Trump y el cierre de la frontera… no necesitamos generar tantos empleos», destacando que las plazas disponibles están orientadas prioritariamente a la mano de obra nacional. Asimismo, el titular del Tesoro remarcó que el foco central del programa económico radica en el «renacimiento» de la industria manufacturera y en el fortalecimiento de los empleos vinculados al sector industrial.
Cuestionamientos y advertencias de especialistas
Las aseveraciones de Bessent generaron un rechazo inmediato por parte de analistas y centros de estudio. Dean Baker, economista sénior del Centro de Investigación Económica y Política (CEPR), cuestionó la postura oficial al señalar a través de la red social X que la tasa de empleo entre la población nacida en Estados Unidos sufrió una caída de un punto porcentual en comparación con los registros de la administración anterior. Por su parte, Aaron Reichlin-Melnick, representante del Consejo Estadounidense de Inmigración, advirtió que los dichos del secretario constituyen una admisión explícita de que las expulsiones masivas derivan en una contracción directa de la actividad económica general.
Escrutinio por el volumen de la deuda pública
La controversia sobre las cifras de empleo coincide con una creciente presión sobre la gestión fiscal del Departamento del Tesoro. El debate ocurre en un contexto de escrutinio público derivado del incremento sostenido del endeudamiento nacional, luego de que la deuda pública de los Estados Unidos superara por primera vez el umbral histórico de los 40 billones de dólares.
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