
Miles de personas en el estado Sucre y sectores de la Isla de Margarita enfrentan desde hace casi dos meses una crisis hídrica sin precedentes. La ruptura de la cotidianidad ha forzado a la población a depender de ríos, tomas improvisadas e incluso agua de mar para subsistir, en un escenario manejado con estricto hermetismo por las autoridades regionales.
La Gobernación de Sucre declaró la «emergencia hídrica» el pasado 5 de marzo, atribuyéndola a una «falla estructural» en un túnel de trasvase del embalse Turimiquire tras un presunto evento telúrico. Sin embargo, la gravedad de la situación solo cobró relevancia nacional semanas después, cuando los grifos quedaron totalmente secos y se informó del rescate de ocho trabajadores que quedaron aislados dentro de la infraestructura dañada.
Una población en vilo y sin cifras claras
El sistema de Turimiquire es vital para el oriente venezolano: surte a Cumaná (600.000 habitantes) y a parte de Margarita (300.000 habitantes), además de los municipios Araya y Marigüitar. Aunque gremios locales estiman que el número de afectados ronda el millón de personas, la opacidad oficial impide conocer el alcance real de la tragedia.
«Es una tragedia tener que cargar agua para lavar o limpiar los baños», relata William Zang, de 63 años, quien traslada bidones en un carro artesanal. La desesperación ha llevado a los pobladores de Araya a cavar pozos en la tierra, mientras que otros acuden a las playas para obtener agua, a pesar de los riesgos sanitarios que esto implica.

El impacto técnico en el suministro
El ingeniero Nelson Rodríguez, expresidente de Hidrocaribe, explica que la falla es crítica debido a que Turimiquire aporta el doble de caudal que la represa de Cancamure, la otra fuente de la región. En la práctica, esto significa que la zona está dejando de recibir aproximadamente dos tercios del agua que necesita para funcionar con normalidad.
Quienes acceden a tuberías de agua blanca en carreteras expresan su temor por la salubridad. Ronald Maíz, un transportista local, asegura que tras sufrir problemas estomacales ha tenido que destinar parte de sus ingresos a comprar agua potable, un lujo que muchos no pueden costear en medio de la crisis.

Comercio en números rojos y educación paralizada
El impacto económico es devastador. Según el colegio de economistas local, las pérdidas en el sector comercio se calculan en 16 millones de dólares. Miguel Amendolara, presidente de la Cámara de Comercio de Cumaná, reporta una paralización del 40 % en el sector y advierte que muchos locales han cerrado por no poder costear camiones cisterna privados.
La crisis ha alcanzado también a la industria pesquera de enlatados y al sistema educativo. Ante la imposibilidad de mantener las condiciones mínimas de higiene, varios colegios han optado por retomar la enseñanza a distancia. «Estamos alarmados porque hasta la fecha no hay un plan preciso ni respuesta a la comunidad», lamentó Cristina Santana, presidenta del Colegio de Ingenieros de Sucre, mientras la Gobernación reitera que se mantiene trabajando en la restauración del servicio.
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