Captura de imagen de un video facilitado por la Casa Blanca. El presidente de EE.UU., Donald Trump, dijo este sábado que el tirador que irrumpió en el hotel donde el mandatario participaba en una cena con corresponsales en Washington fue "interceptado" y detenido por el Servicio Secreto y que disparó a un agente, pero indicó que la bala impactó en su chaleco antibalas. EFE/ Pool Casa Blanca

Casi dos siglos después de que un pistolero fallara sus disparos contra Andrew Jackson en los corredores del Capitolio, la sombra del magnicidio vuelve a sobrevolar la política estadounidense. El presidente Donald Trump ha sido blanco de tres incidentes armados en los últimos dos años, una cifra sin precedentes en la historia moderna del país.

La pasada noche, el Servicio Secreto interceptó a Cole Allen, un californiano de 31 años, quien disparó fuera del recinto donde el presidente Trump asistía a la cena de gala de corresponsales de la Casa Blanca. El mandatario resultó ileso y el sospechoso fue detenido de inmediato, sumando un nuevo capítulo a una preocupante cronología de ataques.

Cronología de una amenaza persistente

El historial reciente de agresiones contra Trump comenzó el 13 de julio de 2024 en Butler, Pensilvania, donde sobrevivió a un disparo en su oreja derecha durante un mitin. En aquel evento, el atacante Thomas Matthew Crooks fue abatido tras cobrar la vida de un espectador.

Apenas dos meses después, el 15 de septiembre, las autoridades detuvieron a Ryan Routh en Florida, tras ser detectado con un rifle en las cercanías del club de golf del presidente. Asimismo, el 12 de octubre de ese mismo año, Vem Miller fue arrestado con armas de fuego en un control de seguridad en Coachella, California.

Una trágica estadística nacional

La violencia contra los mandatarios no es una anomalía, sino una constante en la historia de EE. UU. Desde la fundación de la nación, cuatro presidentes en ejercicio han sido asesinados:

Abraham Lincoln (1865): Abatido en el Teatro Ford.

James A. Garfield (1881): Tiroteado en una estación de tren.

William McKinley (1901): Herido de muerte en un acto público en Búfalo.

John F. Kennedy (1963): Asesinado durante un desfile en Dallas.

Según los Archivos Nacionales, estas cifras indican que uno de cada nueve presidentes ha perdido la vida en un atentado, mientras que uno de cada cuatro ha sido objeto de intentos de magnicidio desde 1865.

Sobrevivientes y el origen del Servicio Secreto

La lista de intentos fallidos incluye nombres como Theodore Roosevelt, quien salvó su vida en 1912 gracias a que un fajo de papeles amortiguó una bala en su pecho, y Ronald Reagan, gravemente herido en 1981. Otros mandatarios como Harry Truman, Gerald Ford y Bill Clinton también enfrentaron situaciones de riesgo extremo.

Históricamente, fue el asesinato de McKinley en 1901 el que impulsó la creación de un sistema de protección permanente, dando origen al Servicio Secreto moderno. Hoy, la proliferación de armas, la polarización extrema y la exposición mediática vuelven a poner a prueba este escudo institucional en una de las democracias más convulsas de Occidente.

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