Doha, Catar. La Confederación Asiática (AFC), anfitriona de la Copa del Mundo por segunda vez en la historia, despidió a todos sus representantes entre el sentimiento de que aún están por debajo de las grandes potencias, pero con la certeza de que cada vez están más cerca, y de que se pueden haber sentado las bases para un futuro prometedor.

No solamente llegaron a octavos de forma sorprendente Japón, Corea del Sur y Australia -compite en la AFC desde hace dieciséis años-, sino que, sin ir más lejos, Arabia Saudí dio la primera campanada del torneo al vencer a Argentina, e Irán superó a la Gales de Gareth Bale.

Saudíes e iraníes no estuvieron nada lejos de superar la fase de grupos. Los que sí lo lograron fueron, cronológicamente, Australia, Japón y Corea del Sur.

Los ‘Socceroos’, que se ganaron un puesto en el Mundial a costa de Perú en la repesca intercontinental, sobrevivieron a costa de Dinamarca, selección que se postulaba como alternativa a llegar lejos. Y en octavos le pusieron las cosas difíciles al final a la Argentina de Leo Messi. Una parada de Emiliano Martínez en la prolongación al joven Garang Kuol evitó la prórroga.

Japón ha dado un máster en disciplina, concentración, seriedad y hasta de osadía, pero volvió a chocar con el muro de octavos. La escuadra de Hajime Moriyasu ganó su grupo al imponerse a dos campeonas del mundo como Alemania y España tras sendas remontadas.

No conforme con ello, en octavos, ante la vigente subcampeona mundial, Croacia, llegaron a forzar la tanda de penaltis después de un partido y una prórroga intensos. Ahí surgió el meta balcánico, Dominik Livakovic, para dilapidar las ilusiones niponas con tres lanzamientos detenidos.

Moriyasu expresó el tremendo orgullo que sentía por la actuación de sus jugadores en este Mundial, y uno de los futbolistas con más peso en la plantilla, como Yuto Nagatomo, aseguró que sentía que el fútbol japonés estaba creciendo y que había dado un gran paso adelante en Qatar 2022.

El Mundial 2026 ya aparece en el horizonte para las selecciones asiáticas, que se tendrán que ganar la plaza en la larga y habitual fase de clasificación. Pero antes, ya el próximo año y de nuevo en Catar, encararán la Copa de Asia 2023, donde competirán 24 equipos.

Catar, que no pudo puntuar en su primera presencia en una cita mundialista, tratará de defender el título obtenido en 2019 en Emiratos Árabes al derrotar en la final a Japón.