Fotografía del 27 de enero de 2026 del presidente de Honduras, Nasry 'Tito' Asfura, luego de su investidura, en Tegucigalpa (Honduras). EFE/ Gustavo Amador

El nuevo presidente de Honduras, Nasry «Tito» Asfura, continúa este miércoles —segundo día en el poder— armando su Gabinete y ordenará inicio de mantenimiento en carreteras clave. Busca impulsar turismo para Semana Santa.

«En su segundo día, continuará nombramientos de ministros y directores pendientes, y ordenará mantenimiento inmediato de carreteras malas para apoyar turismo en Semana Santa», dijo a EFE un colaborador cercano. Agregó que Asfura «no gusta de oficinas» y cumple su promesa de trabajar desde día uno.

Asumió martes para 2026-2030, sucediendo a Xiomara Castro —primera mujer presidenta—, quien no lo reconoció pero le deseó «suerte». En posesión, reiteró: «Hay que trabajar con humildad y compromiso para soluciones reales en cada rincón de Honduras. El tiempo corre; no podemos perdernos, resolver problemas para servir».

Promete descentralización, colaborando con 298 alcaldías sin distingo político.

Retos colosales: pobreza, deuda y violencia

Exalcalde de Tegucigalpa (2014-2022) y exsecretario de inversión social enfrenta seguridad, salud, educación, pobreza, desempleo, baja inversión y corrupción. Recibe país de 10 millones, >60% en pobreza; deuda ~20.000 millones USD; demanda de 1 millón de viviendas; ~3 millones desempleados/subempleados; altos índices de violencia y corrupción.

Asfura evita formalismos: prefiere jeans, camisa arremangada y zapatos de trabajo, manejando su vehículo.

Analista Manuel Torres enfatiza restaurar institucionalidad «por derecho, no partidismo». Agenda incluye economía, social, servicios básicos y vivienda para arraigo. Seguridad debe reducir polarización ideológica.

Asfura busca apoyo de EE.UU. e Israel —visitados como electo—. Trump pidió voto por él, destacando afinidad.

Torres prioriza: lucha anticorrupción y eficiencia inversión pública. «Retos persisten; es recambio burocrático, no proyecto de país».

Desde 1981 —retorno constitucional—, 12 presidentes electos prometieron sin cumplir plenamente. Problemas como pobreza, inseguridad, desempleo, corrupción, salud/educación deficientes y narcotráfico han empeorado.

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