

El devastador terremoto del pasado 24 de junio dejó un trauma psicológico tan profundo en la esposa de Urumán Urdaneta que la familia entera terminó por empacar su vida en Caracas para mudarse a Maracaibo.
Desmayos diarios, insomnio y sensación de asfixia. Así se traducía el trastorno postraumático de Liliana Machado, la esposa de Urdaneta, que vio cómo una de las paredes de su casa se derribaba durante los sismos que han dejado al menos 3.811 fallecidos y 16.740 heridos.
La pareja, con raíces en la etnia wayú natural del estado Zulia, vivía junto a sus tres hijos, todos mayores de edad y uno de ellos —el menor— con discapacidad, en la parroquia El Junquito de Caracas, y la madre de Machado se encontraba de visita. Veían juntos la televisión en la sala cuando comenzó el doble terremoto, cuenta Urdaneta, de 63 años.
A este estado, el de Zulia, han llegado varias familias procedentes de los estados afectados por los terremotos. Muchas personas han expresado su negación a volver a zonas como La Guaira, el estado más devastado por los sismos.
Salir por salud
«No era temblor, temblor (…) es como un sacudón porque como que nos jalaban para allá y nos las jalaron para acá y como duró muchos segundos, entonces entró el pánico, el miedo», relata Urdaneta al rememorar cómo vivió el doble terremoto que dejó daños importantes en su vivienda, sin que colapsara la estructura.
«Me entregué a eso, pues. Agarré a mi hijo -el menor- y lo abracé (…) y me entregué a la situación», continúa.
Urdaneta señala que afortunadamente a su familia no le ocurrió nada, pero su esposa quedó con un trauma «y se desmayaba casi todos los días» y por ello, cuenta, un médico que la trató le aconsejó «sacarla del lugar».
«Entonces, nosotros por la salud de mi esposa salimos de allá», afirma.
La disyuntiva
Llegaron a su Maracaibo natal diez días después de los terremotos y ahora no tienen muy claro qué les depara el futuro. Urdaneta asegura que se siente como un extraño en su tierra natal.
«Mi esposa ya no quiere volver más. Esa es su posición en este momento. Claramente, ella ahorita no está bien, pues (…) está haciendo unos tratamientos de psicología y unas sesiones», insiste.
Urdaneta está evaluando cómo adaptarse a su nueva vida en Maracaibo, que enfrenta serias deficiencias sobre el servicio de agua, internet, gas y electricidad, especialmente porque su nueva vivienda queda en una zona rural.
También intenta encontrar las formas de ingresar al mercado laboral. En realidad, él quisiera regresar a Caracas, donde se dedicaba al servicio y mantenimiento mecánico de automóviles.
A la disyuntiva se suma el hecho de que sus hijos de 26, 22 y 18 años tienen en Caracas desarrollada su vida, «parte de su infancia», y también quisieran regresar.
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