…Las fiestas de Carnaval eran las más importantes y tenían alguna repercusión internacional. La ciudad se volcaba a las calles con un entusiasmo inaudito para estas celebraciones.

Dos meses antes del decreto que autorizaba a la ciudadanía a celebrar los carnavales, el Concejo Municipal hacia una recaudación entre el comercio caraqueño y las clases pudientes para, con ese dinero construir los famosos “templetes” y comprar lo que se llamaba “el pertrecho”, que consistía en serpentinas, papelillos, juguetes, caramelos y muchas otras cosas propias para estas festividades.

Las tiendas atiborradas de máscaras y disfraces para complacer a sus clientes, los “templetes” eran kioscos fabricados de madera y láminas y una especie de tarima de unos dos  metros de altura, donde se presentaba a la reina y se bailaba hasta el amanecer, los diseñadores se esmeraban en hacer algo creativo y que despertara la admiración y el entusiasmo de la gente y poder competir con lo demás para ver si lograba ganar como “el mejor”.

En una ocasión, el más célebre fue en la esquina de Puente Yánez, se hizo una réplica de la Torre Eiffel, con una altura más o menos de 20 metros, en esos tiempos la construcción más alta en la capital era la Torre de la Catedral la cual tenía 30 metros desde la base hasta la cúpula.

Otro de los templetes dignos de recordar, estaba en la esquina de Romualda, donde estaba la Plaza López, se imitaba un gran velero, con sus mástiles, sus velas, escalerillas de cuerdas y todos los detalles que correspondían. Para poder tener acceso a los “templetes” se necesitaba una invitación del Concejo Municipal o de la Jefatura Civil, y estas se la daban solamente a las familias para que las muchachas de la época adornaran con sus encantos estas obras extraordinarias, creadas con un instinto de superación de nuestros artesanos y obreros.

Un mes antes de la celebración de los tres días de Carnaval, que en verdad eran cuatro, porque comenzaba el sábado y culminaba el martes, la Gobernación del Distrito Federal, autorizaba a los disfraces por la calle desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana. Era el famoso mes de los bailes, de las comparsas, de los disfraces de a pie. Todos contagiados de una alegría sana, donde cada persona trataba de divertirse sin ocasionar daños o perjuicios.

En las plazas públicas, los jueves, sábados y domingos tocaban pequeñas orquestas o conjuntos de cantadores y el pueblo se reunía allí a bailar. No se permitía el expendio de licores en las plazas ni en las pulperías, ni botiquines adyacentes, alguno que otro cargaba su “mulita” escondida, de la cual se aprovechaba esquivando las miradas de los policías.

En los alrededores de las plazas habían vendedores con sus carritos donde expendían: guarapo de piña, chicha de arroz cocido, empanadas, tostadas, tostones, chicha andina, y granjerías criollas. Muchas familias, disfrazadas de “dominó” iban a la plaza a bailar.

Es bueno saber que el “dominó” consistía en una vestidura como una gran bata de colores, con capucha y antifaz completo, se usaba en su manufactura el raso “liberty”, un tipo de tela de algodón mercerizado que tenía un brillo rutilante.

Era muy difícil, si no imposible, adivinar quien estaba dentro de un dominó y de allí aquel famoso refrán carnavalesco “Bailo con vieja y guardo el secreto”.

Otro disfraz muy popular y que ha llegado hasta nuestros tiempos es el de “la negrita”, la máscara se hacía con una media porque era más fresca, guantes negros, medias negras. La indumentaria  recordaba un poco a las sirvientas de adentro por el uso del delantal blanco.

Otros de los disfraces populares importados de Europa, eran: “Pierrot” “Colombina” y “Arlequín”. El disfraz de “Odalisca” como el de “María Antonieta” los cuales eran muy populares.

Aquí en nuestra bella Guayana, a mediados de los años 60s, se presentaron bellas comparsas, grupos de Steel Band, increíbles carrozas, muchas de las cuales eran patrocinadas por las empresas básicas con una muy grande influencia de  El Callao, Trinidad, Guiria y otros carnavales del Caribe, Brasil, Uruguay, Venecia, etc.

La comunidad salía a las calles y avenidas en el recorrido, el cual finalizaba en el estacionamiento del Centro Cívico, luego a través de algunos años fueron divididos, en San Félix se titulaba “Los Carnavales Dorados” y en Puerto Ordaz “Los Carnavales del Pueblo”. Bellos desfiles en ambas poblaciones, lindas reinas, muchos templetes y los clubes Caronoco, Arichuna, Palúa, Hermandad Gallega, Canario Venezolano, Portugués, se reunían para disfrutar de una buena velada.

Los desfiles se realizaban en San Félix en la avenida Antonio de Berrio y en Puerto Ordaz en la Avenida Las Américas, cruzando por la avenida Caracas, luego fueron mudados a la Avenida Las Américas pero en el sector de AltaVista, para ese entonces éramos visitados por muchos turistas extranjeros y de otros estados de nuestro país, también han sido utilizados los espacios de la avenida conocida como Paseo Caroní, donde de verdad han sido muy alegres y coloridos, esperando que este año se puedan repetir, superando las expectativas y que podamos disfrutar en sana paz, sin abusos ni maltratos las fiestas del “Rey Momo”.

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