
El economista y asesor financiero José Miguel Farías advirtió que intentar una reestructuración de la deuda externa venezolana sin el respaldo del Fondo Monetario Internacional (FMI) acarreará severas consecuencias financieras para el país.
Según el analista, prescindir del organismo multilateral se traducirá en menores descuentos sobre el pasivo total, plazos de pago más agresivos y un acceso considerablemente más costoso a los mercados financieros internacionales una vez concluido el proceso.
A través de su cuenta en la red social X, Farías recordó el complejo punto de partida de la nación caribeña, señalando que Venezuela llega a la mesa de negociación como el único país del mundo que dilapidó la mayor bonanza petrolera de su historia sin haber construido un fondo de ahorro, sin diversificar su aparato productivo y sin mantener estadísticas fiscales confiables.
En este sentido, destacó el aislamiento institucional del país, que suma más de 20 años sin someterse a una evaluación financiera bajo el Artículo IV de los estatutos del FMI.
Peligro de un acuerdo parcial y el rol de Estados Unidos
El experto enfatizó que la falta de un Análisis de Sostenibilidad de Deuda (DSA, por sus siglas en inglés) validado por el FMI, sumado a la ausencia de una estrategia integral que coordine de manera conjunta los bonos, la deuda bilateral, las obligaciones comerciales y los laudos arbitrales, expone al país a un escenario peligroso.
El riesgo latente, según Farías, es terminar con un acuerdo parcial que sea vulnerable a las demandas de acreedores holdout (fondos que no entran en la negociación) y que detone nuevos episodios de estrés de liquidez a los pocos años del canje.
Estas declaraciones coinciden con las de otros especialistas, quienes recuerdan que el proceso no puede avanzar a la velocidad que deseen las autoridades locales. La renegociación está estrictamente condicionada por las licencias de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.
Asimismo, aunque el FMI declaró recientemente estar al tanto de las intenciones del Ejecutivo venezolano de iniciar conversaciones con los acreedores, el organismo aclaró que aún no ha recibido ninguna solicitud formal de apoyo financiero o asesoría técnica.
Disciplina fiscal y las reglas de juego
Para Farías, el éxito de esta operación radica en respetar una secuencia lógica: «el orden correcto es primero estabilizar, luego certificar y finalmente negociar». Advirtió que invertir estas etapas por presiones o urgencias políticas es un error crítico que el país no se puede permitir en su situación actual.
Si el proceso no se enmarca en una reforma profunda del Estado que erradique la dependencia histórica de la inflación y del endeudamiento fácil, los incentivos perversos que originaron la crisis seguirán intactos, convirtiendo cualquier pacto en un alivio temporal que encarecerá el futuro de la nación.
«Más que un problema financiero, esto es un problema de reglas de juego. Un país que llegó a esta deuda después de quemar una bonanza histórica, manipular estadísticas y financiarse sistemáticamente con inflación no puede tratar la reestructuración como un simple trámite de banca de inversión», sentenció el consultor.
Finalmente, el economista concluyó que, si el acuerdo final no viene blindado por un compromiso verificable de disciplina fiscal, el respeto irrestricto a la propiedad privada y límites claros al poder discrecional del Estado, la viabilidad financiera a largo plazo será nula.
Bajo su perspectiva, de no corregirse el rumbo institucional, la interrogante no es si Venezuela enfrentará una nueva crisis, sino cuándo ocurrirá y cuál será su costo social.
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