

Un conductor maniobra en la penumbra para esquivar un socavón, pero cae en otro oculto por el agua estancada. La escena se repite en Cristóbal Colón, Santiago Mariño, Casas de Madera, La Granja, Moscú, Kuwait, El Cerrito, Monte Horeb, Alto Voltaje, La Fe en Dios, Trapichito, entre otros. Recorrer los barrios de la parroquia Vista al Sol no es solo un trayecto vial; es un ejercicio de supervivencia en una de las zonas más desatendidas del municipio Caroní.
En esta parroquia, conformada por más de 35 sectores, la cotidianidad está marcada por la espera y el desgaste. Mucho antes de que apunte el sol, las familias vigilan los grifos secos a la espera de que el agua regrese por las tuberías con una presión tímida. Quienes logran llenar tambores o recipientes plásticos se consideran afortunados. Al cabo de unas horas, el susurro del agua cede el paso al chasquido de un bajón eléctrico; entonces sobreviene la angustia por los aparatos del hogar, la nevera que se apaga, el ventilador que se detiene, la lavadora expuesta al colapso por la inestabilidad del voltaje.

Caminar kilómetros por un asiento
Para el habitante de a pie, salir de la comunidad implica una travesía. Ante la escasez de transporte público que cubra las rutas más distantes, los vecinos deben madrugar y caminar varios kilómetros hasta alcanzar la arteria principal; la avenida Manuel Piar. Allí, la espera se transforma en disputa. Decenas de usuarios abarrotan las aceras para abordar, a fuerza de empujones, las pocas unidades que van directo hacia el centro comercial o hacia Alta Vista, en Puerto Ordaz.
A los problemas de movilidad se suma el deterioro ambiental. En múltiples calles, las cloacas desbordadas corren libremente ante el colapso de las bocas de visita. El hedor penetra en las viviendas, obligando a las familias a convivir con ventanas cerradas. A este panorama se añade la acumulación de desechos sólidos. Ante la ausencia del servicio de aseo urbano, los vecinos terminan improvisando vertederos en las esquinas, como el que se erige de forma permanente en la Ruta I, adyacente a la biblioteca local.

El contraste del agua y el abismo de las cárcavas
La paradoja del agua es evidente a lo largo del sector: mientras los grifos domésticos permanecen secos, cientos de litros de agua potable se pierden diariamente en botes de tuberías rotas. Las fugas erosionan el asfalto, abren grietas en las calles y forman pozos que se convierten en criaderos de insectos.
Sin embargo, la mayor amenaza de la zona no es invisible. En el sector Santiago Mariño, los vecinos observan con temor el avance de la cárcava de la Ruta I. La gigantesca falla de borde sigue devorando el terreno sin que los organismos municipales ni regionales asuman la estabilización del suelo. La fosa, que ya dejó incomunicado al sector, continúa acortando la distancia que la separa de las primeras viviendas, recordando cada día a los habitantes de Vista al Sol que viven, literalmente, al borde del abismo.

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