En mi andar por las calles de Puerto Ordaz,  en mi juventud en horas nocturnas, me recuerda muy claro los sitios de  diversión, sobre todo las discotecas y cervecerías que se hicieron famosas en los años sesenta.

Debo aclarar antes que no puedo referirme a todas, ya que fueron muchas por el furor de la juventud deseosa de esos escapes para dar rienda suelta a la emoción, al romance, al baile y al licor, por lo tanto hablaré de las más conocidas como mejor salas de baile, mejor música, mejor atención y por supuesto mejor recomendada:

Bunny Bar arrancó de primero

La primera discoteca que se inauguró en la zona fue el Bunny Bar, la cual estaba situada en la planta baja del edificio Centro Comercial Caroní, siendo propiedad del señor Gonzalo Arianaga, barman el “quebraito” David, DJ el “catire” Alfonzo, Enrique Escalona,  Manuel Felipe Montaño.

En el Hotel Rasil se encontraba La Tecla, esta era mudada de lugar cada vez que el propietario Ramón Gómez se le antojaba para dar variedad, ahí trabajó Iván Partidas, J.L. Figueroa “Rompiraja”, también el catire Alfonzo.

Luego lo que había sido el Key Club también se convirtió en discoteca, muy elegante y bien diseñada y atendida por Don Ercole da Dazzio, ubicada en el sótano del edificio Yocoima y era con cierta exclusividad, los primeros DJ fueron: Ramón Duerto y el “flaco” Perucho.

Carrera El Callao

La Regines estaba en la carrera El Callao, ahí podemos recordar a Juan Fernández, los hermanos José Luis y Julián Rivas, también se recuerda a Jimmy Capriles, a Edgar Balbás, al lado estaba el restaurant Fra Diávolo.

En la parte baja del edificio San Miguel donde estaba Radio Puerto Ordaz, el empresario José Yapur y el arquitecto Ramón Unda abrieron una muy moderna discoteca llamada “La Eros” y diagonalmente estaba la cervecería Wow Wow, atendida por el señor Pedro Alcocer, lo que dio razón para llamar  a ese sector el triángulo de las Bermudas (Bunny, Eros, Wow Wow) el que entraba a ese triángulo se perdía.

Al pasar el tiempo hubo un cambio total, hasta la entrada la colocaron por la parte de atrás, el nombre era “La Gata” y sus propietarios los hermanos Morillo.

Las escaleras del Astoria

En la acera del frente del edificio Yocoima existió una discoteca llamada El Astoria, para ingresar se debía subir unas largas escaleras y después caminar por una especie de puente (no fue exitosa).

En la carrera Guasipati estaba La Miuty, La Bacci, El Paolo, en el Hotel Tepuy, en el sótano también funcionó otra, tuvo varios nombres de los cuales no recuerdo ninguno.

En la carrera Upata donde está el Rayito en la parte alta del Edf, Terecay, estuvo funcionando la Salto Ángel que fue propiedad del grupo Serenata Guayanesa, después cambió de propietario y se llamó La Burbuja.

Castillito candente

En Castillito parte atrás del Supermercado Santo Tomé estuvo la Gogoteca de Jasildo y sus Golden Lions, el D.J fue Rompi-Raja.

En la avenida Las Américas se instaló la Jumbo, que  parecía más bien un Hipódromo, por lo grande que era, tenía tres pistas de baile con el tiempo en el mismo lugar en la parte alta (mezzanina) hicieron una pequeña llamada La Tigana, luego años más tarde montaron la Excalibur.

En El Roble de San Félix, funcionó El Golpe, <<su slogan era: para los que tienen y pueden>> y en la vía del Roble por fuera estuvo la Esequivo, la discoteca más oscura por mí, vista, había que ir aparte de acompañado, llevar una linterna o un yesquero para no perderse.

Muelle de Sidor también

Sí viajábamos hacia el muelle de Sidor teníamos apostado el Cristóforo Colombo, donde también funcionó una discoteca, los días domingo no funcionaban, pero la alterna era en el Club Náutico y el DJ fue: Iván Partida.

Donde está el hotel Dos Ríos, en la parte de atrás (estacionamiento) también funcionoó otra discoteca, frente al Restaurant La Romanina estaba La Nevera y de las últimas en el Centro Comercial Trébol 3, aún queda Fiesta Brava.

De las cervecerías, la primera de ella se llamó La Múnich, propiedad de Don Ércole Da Dazzio, El Porrúa en Puerto Ordaz y en San Félix,  en el C.C. Falcón estaba el Don Quijote, El Parrandero.

Como digo al principio, fueron muchas más, pero… no me dio tiempo de visitarlas a todas, pero las que pude las disfruté, y con bolívares doscientos se gozaba en pareja hasta el amanecer.