Pekín, China. Los segundos Juegos Olímpicos celebrados en pandemia cuentan con medidas de prevención como el aislamiento entre la población local y los atletas, quienes han permanecido en una «burbuja» que ha sido elogiada por su eficacia y criticada por sus cuarentenas, su comida y sus escasas opciones de ocio.

De momento, el circuito cerrado, el nombre oficial de la burbuja de Pekín 2022, cumple uno de sus principales propósitos: desde el 23 de enero, se han hallado 433 positivos entre las 1,45 millones de pruebas PCR efectuadas a sus aproximadamente 68.000 integrantes, pero no se ha informado de ningún caso de transmisión entre la burbuja y la población local.

Los miembros del circuito cerrado juzgan de forma diferente su estancia en la capital china, la cual sólo han podido ver a través de las ventanas de los autobuses que los han transportado entre las distintas sedes: tienen terminantemente prohibida la salida de los hoteles y lugares que forman la burbuja.

 

LUCES…

 

El esquiador estadounidense Aaron Blunck aseguró en rueda de prensa que China había hecho un «trabajo estelar» para la prevención de la covid-19 y criticó el papel de los medios: «No sabía qué esperar antes de venir. Se oyen cosas muy negativas en los medios que son completamente falsas», declaró.

El suizo Nevin Galmarini, citado en medios locales, elogió la eficiencia de los trabajadores de la burbuja y felicitó al país asiático por haber logrado organizar «uno de los grandes eventos deportivos del mundo en medio de una pandemia».

Son varios los atletas que, pese a las inconveniencias de distancia social, los requisitos de mascarilla y las pruebas PCR diarias, han valorado positivamente la burbuja, definida por Dick Pound, exvicepresidente del Comité Olímpico Internacional, como «el espacio más seguro del mundo».

 

Y SOMBRAS

 

Según las normas del circuito cerrado, los atletas y trabajadores que den positivo por covid han de ser puestos en aislamiento hasta que dos pruebas separadas por 24 horas den negativo.

La belga Kim Meylemans publicó durante su aislamiento un vídeo en su cuenta de Instagram en el que, sollozando, explicaba su frustración cuando, creyendo que regresaba a la villa olímpica, fue llevada a otro centro de cuarentena en el que debía permanecer otros siete días: «Es muy difícil para mí», aseguraba.

Un positivo en las pruebas PCR que se practican diariamente es, por tanto, uno de los mayores temores entre los trabajadores y los deportistas, que temen entrar en un largo ciclo de cuarentenas que les podría impedir competir.

El estadounidense Vincent Zhou no pudo competir en una prueba de patinaje por dar positivo por covid antes de su comienzo, tras lo cual declaró: «He tomado todas las precauciones que he podido, me he aislado tanto que he notado en los últimos dos meses una soledad aplastante».

La comida en los centros de cuarentena también es motivo de polémica: la rusa Valeria Vasnetsova se quejó en sus redes sociales de haber recibido la misma comida -una bandeja con algo de carne, pasta y patatas- durante cinco días para el desayuno, la comida y la cena.

 

UN MUNDO PARALELO

 

Los reporteros y trabajadores venidos del extranjero llevan ya días adaptados a la rutina del circuito cerrado: «Acostumbrado a la rutina por fuerza, pero deseando romperla ya», explica a Efe Eduardo, pseudónimo de un integrante de la burbuja que ya lleva un mes en ella.

Uno de los mayores desafíos para los habitantes de la burbuja es el tedio al que se enfrentan al acabar su trabajo diario: «Las opciones de ocio pasan por probar los restaurantes de otros hoteles, hacer ejercicio en el gimnasio o tomarse un par de cervezas con los compañeros, poco más», declara Eduardo, que, pese a todo, asegura que hay buena camaradería en la burbuja: «Muchos se conocen desde hace años por otros Juegos Olímpicos, la gente se lleva bien».

La comida podría ser una vida de escape de una realidad repleta de mascarillas, robots que limpian las superficies y trabajadores ataviados con trajes EPI, pero su calidad ha sido objeto de un debate en el que los diferentes estándares de las diversas cantinas han tenido que ver.

Mientras, los más de 50.000 trabajadores y voluntarios chinos se enfrentan a sus propios desafíos: no sólo no pudieron cumplir la tradición de pasar el Año Nuevo lunar (1 de febrero) con sus familiares sino que, tras finalizar sus labores y salir de la burbuja, habrán de guardar una estricta cuarentena de hasta 21 días antes de poder regresar a sus hogares.

EFE noticias