

Lo que en su momento representó uno de los motores comerciales y económicos más importantes de Puerto Ordaz hoy agoniza entre el olvido institucional, calles intransitables y una creciente ola de inseguridad. La Zona Industrial de Unare se encuentra sumergida en un profundo estado de abandono, donde la desidia oficial amenaza con apagar definitivamente las santamarías de decenas de establecimientos.
Transitar por las vías de acceso a esta zona comercial se ha convertido en una auténtica prueba de resistencia y en una ruleta rusa para los vehículos. Los huecos, cada vez más profundos, destruyen a diario los trenes delantero, cauchos y amortiguadores de quienes laboran o visitan el sector.
Una de las situaciones más críticas se registra en los alrededores de la antigua edificación de Friosa y en la calle Ipire, donde un inmenso socavón, originado presuntamente por una tubería rota, mantiene en alerta a la comunidad. Ante el peligro inminente, los propios transeúntes y trabajadores se han visto en la obligación de improvisar señalizaciones con neumáticos para evitar que conductores caigan en el abismo.
A este panorama se suman los constantes botes de agua blanca que recorren gran parte del sector. Los afectados señalan que, a pesar de los reportes realizados, el personal responsable de solucionar no acude a solventar las fugas, un problema que acelera de forma alarmante la destrucción de la escasa carpeta asfáltica restante.
Promesas incumplidas y carga tributaria
Los comerciantes denuncian una profunda apatía por parte de la Alcaldía del municipio Caroní y la Gobernación del estado Bolívar. Afirman que las intervenciones han sido prácticamente nulas e insuficientes.
«Solo dos calles asfaltó la Gobernación del estado Bolívar: aquella donde funciona la planta de gas y los predios de lo que anteriormente era Inviobras. El resto de las vías las dejaron en las mismas condiciones deplorables», reprochó un empresario afectado.
La indignación aumenta al recordar que cada propietario cumple religiosamente con el pago de sus impuestos municipales y nacionales para mantenerse al día, sin que esto se traduzca en mejoras para los servicios básicos o la infraestructura del sector. Esta crisis vial impacta directamente en la dinámica económica de ferreterías, ventas de pinturas, agencias de vehículos, entidades bancarias e instituciones religiosas que hacen vida en el área, ahuyentando a la clientela y reduciendo las ventas de manera drástica.
La oscuridad nocturna propicia el vandalismo
La problemática no se limita al deterioro de la vialidad. Con la llegada de la noche, la Zona Industrial de Unare se sumerge en una boca de lobo debido a la falta de alumbrado público, un escenario perfecto para que la delincuencia haga de las suyas.
Pedro Guzmán, trabajador de una de las empresas de la zona, relató que la situación de inseguridad es insostenible. «A medianoche se observan personas extrañas caminando en la penumbra de las calles, buscando dónde meterse para llevarse los cables, hierro, aluminio y otras cosas de valor», advirtió.
Varios galpones han sido desvalijados, sufriendo robos de techos, cableado de alta tensión y materiales estratégicos. Aunque algunos propietarios han optado por instalar sistemas de vigilancia privada, aquellos locales que no cuentan con este recurso quedan totalmente expuestos. Los afectados aseguran que, a pesar de reportar los hechos delictivos a través del VEN911, las comisiones policiales rara vez se hacen presentes en el sector, dejando a los empresarios a merced de la delincuencia.
¡Síguenos en nuestras redes sociales y descargar la app!










