Evangelio del Día. Juan 14,1-6

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«En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «No se turben; crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. De no ser así, no les habría dicho que voy a prepararles un lugar. Y después de ir y prepararles un lugar, volveré para tomarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Para ir a donde yo voy, ustedes ya conocen el camino.» Entonces Tomás le dijo: «Señor, nosotros no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?» Jesús contestó: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí»

  Reflexión hecha por Luis Perdomo Animador Bíblico de la Diócesis de Ciudad Guayana. Venezuela.

 La Iglesia universal celebra hoy, la fiesta en honor a nuestra Madre María, bajo la advocación de Nuestra Señora de Fátima. El 13 de mayo de 1917, la Virgen María se les apareció a tres niños:  Lucía y sus primos Francisco y Jacinta Marto vivían en el pueblo de Aljustrel, en Fátima, Portugal, y trabajaban como pastores de los rebaños de sus familias. Los tres niños vieron una aparición de la Virgen María que les dijo, entre otras cosas, que regresaría durante los próximos seis meses todos los días 13 a la misma hora. Felicitaciones a la feligresía de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima.

Y la liturgia diaria, nos presenta al Evangelio de JESUCRISTO según San Juan, capítulo 14, del verso 1 al verso 6. En el que el Evangelista nos coloca ante el destino definitivo de los hombres: la vida en DIOS. La inminente partida de JESÚS ha turbado el corazón de los discípulos, JESÚS los invita simplemente a «CREER», que, en este contexto, se traduce como confiar, para vencer su miedo e incertidumbre. Porque lo contrario a la Fe no es tanto la incredulidad, sino el miedo a lo desconocido.

 Por eso es que JESÚS les pide a sus discípulos de todos los tiempos, que confiemos en Él, como la Verdad indiscutible que Es. Y nos promete preparar a cada uno un lugar en la casa del PADRE. Ya que JESÚS se ha ido físicamente, pero permanece espiritualmente a nuestro lado y volverá Glorioso para hacernos partícipes del Banquete de la Vida Eterna. Para ello es necesario recorrer el camino de la Fe en Él, pues Él mismo es el Camino que conduce al PADRE, precisamente porque es la Verdad y la Vida.

 Y en ese caminar no estamos solos, ya que JESÚS, está con nosotros. Y Él es nuestro mejor Custodio, nuestro Gran anfitrión. Ya que, al escudriñar Su Vida Terrena, podemos ver que lo suyo no fue solo Dar ejemplo sino Abrir un Camino. Lo suyo no fue sólo Predicar enseñanzas sino Transparentar la Verdad. Lo suyo no fue solo brindar consuelo sino Prometer la Vida. Por eso, Él mismo será Eternamente la Senda por la que alcanzamos la Luz de la Vida.

 Al confrontarnos con el texto y ubicarnos en la posición de Tomás que le pregunta al Maestro: «Señor, nosotros no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?» Porque como Tomás también nosotros tenemos miedo y se nos tambalea la Fe ante tanta calamidad, ante tantos atropellos a nuestra dignidad y a nuestros derechos. Por eso Él nos contesta: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí».

 Y esa respuesta pudiera sonarnos vacía, si no supiéramos todo el esfuerzo que JESÚS hizo en Su Vida Terrena, para combatir las injusticias de los poderosos y ayudar a muchos a salir de su pobreza espiritual y material, para sentirse personas incluidas en el proyecto Salvífico de Dios. Por eso murió, pero También por eso Resucitó a una Vida Plena. Y de esa manera Convirtió, el Acontecimiento de Su Resurrección, en la «Primicia», para todos los que nos llamamos sus seguidores, tal como lo define San Pablo. Porque, JESÚS es un Camino de Esperanza activo y siempre Nuevo, sin Él nos quedamos sin Verdad y sin Vida.

 De allí que hoy sea el día, para pedirle a DIOS UNO y TRINO, que nos llene de la Vida Nueva en el AMOR y en la unidad y que en medio de esta difícil situación que estamos confrontando seamos iluminados por estas Palabras aleccionadoras: «no se turbe el corazón de ustedes» y digamos como Santa Teresa: «nada te turbe. Nada te espante, todo se pasa, DIOS no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a DIOS tiene nada le falta. Solo DIOS basta».

 Señor JESÚS, sin Ti nos quedamos sin esperanza y sin vida, danos la fortaleza para que, «nuestro corazón no se turbe», y nuestra Fe no se doblegue, ante tantas calamidades, por lo que es necesario animarnos unos a otros, buscando puntos de encuentro y no a cerrarnos en nuestros odios y revanchismo. Amén.

Luis Perdomo