Evangelio del Día. Lucas 21,34-36

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«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

  Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana. Responsable: Luis Perdomo.

 La Iglesia Universal, celebra hoy la fiesta entre otros santos, en honor a nuestra querida Madre María, bajo la advocación de la Medalla de la Milagrosa, que el 27 de noviembre de 1830, se apareció a Santa Catalina Labouré, humilde religiosa vicentina. La cual se le apareció de esta manera: La Virgen venía vestida de blanco. Junto a Ella había un globo luciente sobre el cual estaba la cruz. Nuestra Señora abrió sus manos y de sus dedos fulgentes salieron rayos luminosos que descendieron hacia la tierra.

  Y la liturgia de hoy nos presenta al Evangelio de Nuestro Señor JESUCRISTO, según San Lucas capítulo 21, versos del 34 al 36. En el que JESÚS les hace una exhortación a los cristianos de todos los tiempos a estar vigilantes, atentos y despiertos, y preparados para Su Venida Definitiva. Las Palabras del Maestro son un llamado de atención y a la vez una motivación para continuar creyendo y viviendo el estilo de vida propuesto por Él, rechazando todo aquello que no va en consonancia con el Proyecto de DIOS, es decir los vicios, las borracheras y las preocupaciones por las cosas de la vida terrena, que debilita la esperanza en Él

Dos actitudes son presentadas por JESÚS como elementos fundamentales para poder mantener viva la esperanza: «estar despiertos y orar constantemente». Y es que el velar y el orar son cualidades constitutivas de todos aquellos que han decidido asumir como norma de vida, los Valores Cristianos, ya que nos fortalecen y nos mantienen fieles al Mandato del Maestro, especialmente en tiempos de crisis como el que estamos viviendo.

 Muy pertinente es señalar que, JESÚS nos da la absoluta libertad de acoger o no Su Propuesta Salvífica, y por eso nos presenta dos caminos para elegir: el que conduce a la Vida en Comunión con DIOS y el que conduce a la muerte definitiva, con los vicios y las desviaciones humanas. Por lo que puede decirse que las reglas del juego están claras: Seguir el Camino de JESÚS implica exigencias, compromiso y de entrega de Amor a los semejantes, y cada uno de nosotros tenemos la oportunidad para escoger consciente y responsablemente lo que más se ajuste a nuestros pareceres e intereses.

 Al confrontarnos con el texto y saber que hoy se cierra de manera definitiva el ciclo «B», es el último día de nuestro año litúrgico, sin embargo, no habrá cohetes, ni cena de fin de año, ni abrazos, como acostumbramos a hacerlo cuando llega el final del año civil. Ya que la manera de celebrar el final del año litúrgico, es diferente, porque nuestra comunidad eclesial nos invita a hacer una revisión interior, para saborear la alegría de saber que por un año más el SEÑOR nos permitió caminar de la Mano de Él, iluminados con Su Palabra, interpelados con Su Ejemplo de Vida y que a pesar de todas las dificultades que se nos han presentado Él nos ha ayudado a hacerle frente y eso es más que suficiente para estar hinchados de gozo y gratitud.

 Mañana los que asistamos de manera presencial a nuestra Misa dominical o los que celebremos de manera virtual, veremos otro color litúrgico en el ambón, y en los ornamentos de los celebrantes. Otras lecturas, unos cantos específicos, es decir una serie de signos que nos ayudan a entender que estamos dando inicio a un nuevo ciclo de nuestro caminar, el Adviento que nos prepara para Recibir a nuestro Salvador.

Por eso es que es esencial dejar resonar en nuestro interior las Palabras que JESÚS nos dirige hoy: «estén despiertos y oren incesantemente», ya que es la mejor forma de terminar este año bien difícil que nos ha correspondido vivir. Vigilantes y orantes, para que poco a poco nuestro corazón se vaya haciendo más dócil a la Palabra de DIOS, que nos ilumina y para que nuestros ojos estén más abiertos para ver la realidad que nos rodea y entender que no basta con pedir la ayuda de DIOS, también es necesario que me ocupe de las necesidades de mis semejantes, con lo poco o lo mucho que DIOS me ha dado.

 Señor JESÚS, ayúdanos a ser perseverantes en la oración para encontrar respuestas en Tú Palabra, que nos permitan tener los ojos abiertos ante las necesidades de nuestros semejantes y poder socorrerlos oportunamente. Amén.

Luis Perdomo