Miembros de la Fundación Casa de la Libertad, realizan mantenimiento en la UEE Dr. Rafael Vegas del Core 8. Foto: Níger Martinez

El sol no da tregua, pero el filo de los machetes y el sudor de una docena de hombres son más persistentes. En el Sector II de Gran Sabana, mejor conocido por el eco rudo de su nombre popular, Core 8, la Unidad Educativa Estadal Dr. Rafael Vegas parece librar una batalla silenciosa contra el tiempo y el abandono.

Desde el pasado lunes, el paisaje escolar cambió. Ya no es solo el silencio de los pasillos o el murmullo de los niños; ahora suena el crujir de las ramas secas y el golpe seco del desmalezamiento. Una cuadrilla de 12 voluntarios de la Fundación Casa de la Libertad ha decidido que, si la ayuda oficial no llega, llegará la voluntad de los padres.

La Escuela Rafael Vegas, se encuentra en crítica situación, más de 600 niños acuden a clases a este sitio que requiere de la mano del Gobierno

Una estructura herida

Caminar por la Rafael Vegas es recorrer un catálogo de carencias. La cerca perimetral, que debería proteger a los casi 600 alumnos de preescolar y primaria, yace en el suelo en varios tramos. Las paredes, decoradas por el rastro gris de los hongos, delatan años de filtraciones que no perdonan.

«Existe mucha preocupación», confiesa Ramón Cupido, coordinador de la parroquia Unare de la fundación y vecino del sector. Mientras supervisa la poda de unos árboles cuyas ramas amenazaban con desplomarse sobre los techos —ya de por sí heridos por una impermeabilización fallida—, Cupido explica la urgencia; el invierno se acerca. Para esta escuela, la lluvia no es una bendición, sino una amenaza de salones anegados y clases suspendidas.

El milagro de la autogestión

La escena es un retrato de la Venezuela que se niega a rendirse. Mientras los hombres limpian alcantarillas colapsadas y sacan escombros en una camioneta prestada de la línea de transporte local, las madres de los alumnos aparecen con el combustible de la jornada: bolsas de basura, gasolina, jarras de agua fresca, algún refresco y, a veces, un plato de comida.

No hay presupuesto del Estado aquí. No hay cheques de la Gobernación. Todo lo que se mueve es por «recursos propios» y la dignidad de quienes no quieren que sus hijos pierdan el año escolar. Héctor Ferman, creador de la organización, es enfático al aclarar que no piden dinero a los directivos ni a los niños. Su único pago es ver el patio despejado.

El deterioro del Rafael Vegas es evidente, padres y representantes piden una pronta solución

Estudiar contra la corriente

La crisis no es solo de cemento y techos. La cotidianidad escolar está reducida a su mínima expresión: los niños solo asisten dos días a la semana. Entre la falta de un programa de alimentación constante, que apenas intenta reactivarse,  y el hecho de que solo un baño funciona para toda la población estudiantil, la educación se ha vuelto un acto de resistencia.

«Estamos comprometidos con la escuela de nuestros hijos», exclama Cupido con la determinación de quien sabe que la UEE Dr. Rafael Vegas es el único refugio educativo para las comunidades de Sueños de Bolívar, Las Amazonas, Kavanayen, 12 y 4 de Febrero.

Al final del día, cuando la cuadrilla guarda las herramientas y el camión de escombros parte cargado de monte y olvido, queda una certeza agridulce; la escuela respira un poco mejor, pero el rescate definitivo sigue siendo una deuda pendiente que el gobierno local no termina de cancelar. Por ahora, en el Core 8, el futuro se siembra a pulso de machete, azadón y rastrillos.

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