Folarin Balogun, de EE.UU., abandona el terreno de juego tras recibir una tarjeta roja durante el partido ante Bosnia y Herzegovina en el Mundial 2026. EFE/EPA/BENJAMIN FANJOY

El reciente indulto otorgado por la FIFA al delantero Folarin Balogun, concedido tras la petición expresa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha ampliado de forma estrepitosa la lista de casos históricos en los que la política ha irrumpido en el terreno de juego, desatando escándalos de magnitudes globales en las Copas del Mundo.

Balogun, goleador indiscutible y máxima figura de la selección estadounidense en el Mundial 2026, recibió la polémica exoneración para poder disputar el partido de octavos de final frente a Bélgica. Para ello, la directiva del ente rector apeló al artículo 27 de su Código Disciplinario, el cual faculta a la institución para «suspender total o parcialmente la aplicación de una medida disciplinaria».

El futbolista había sido expulsado el pasado miércoles durante el encuentro de dieciseisavos de final contra Bosnia y Herzegovina, luego de que el colegiado Raphael Claus, asistido por el sistema de videoarbitraje (VAR), catalogara como una «acción imprudente» un fuerte pisotón de Balogun sobre el defensor bosnio Tarik Muharemovic. Dicha infracción conllevaba inicialmente una jornada automática de suspensión.

“Solicité formalmente una revisión a la FIFA tras conversar con Gianni Infantino porque me pareció muy injusta la expulsión. Fue por una jugada en la que chocan dos jugadores que van a máxima velocidad”, declaró Trump el lunes desde el podio de la Casa Blanca.

Aunque el beneficio otorgado a Balogun ha generado consternación en el ámbito futbolístico contemporáneo, este se consolida como un nuevo capítulo de intromisión gubernamental, emulando a presidentes y líderes históricos con el poder suficiente para cambiar el desarrollo del torneo.

El árbitro brasileño Raphael Claus observa tras mostrar tarjeta roja a Folarin Balogun, de EE.UU., en l partido ante Bosnia y Herzegovina del Mundial 2026. EFE/EPA/BENJAMIN FANJOY

Italia 1934: El control arbitral de Benito Mussolini

La segunda edición de la Copa del Mundo se celebró en la Italia fascista de Benito Mussolini, quien ejerció una agresiva presión en la designación de los jueces encargados de dirigir los compromisos de la Azzurri. La escuadra local fue notablemente favorecida en sus enfrentamientos contra España, las semifinales y la gran final.

Aquellos duelos clave fueron arbitrados por los réferis belgas Louis Baert y René Mercet; ambos terminaron expulsados de por vida de sus actividades profesionales por su propia federación local tras el cierre del certamen. Historiadores del balompié demostraron posteriormente que, solo días antes de la final, Il Duce mantuvo una cena privada con el árbitro seleccionado para dicho partido, el sueco Ivan Eklind.

Antes de pisar el césped en la final contra Checoslovaquia, Mussolini ingresó al vestuario con una advertencia tajante: “Victoria o muerte”. La selección anfitriona venció por 2-1 en la prórroga y alzó su primer título.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, admitió que llamó a su homólogo de la FIFA, Gianni Infantino, para pedir la revision de la tarjeta roja al jugador Folarin Balogun. EFE/EPA/SHAWN THEW

Francia 1938: Las camisas negras y las directrices de Adolf Hitler

En la antesala de la Segunda Guerra Mundial, el dictador Adolf Hitler ordenó la incorporación de los jugadores austríacos a la selección de Alemania tras la anexión de Austria al territorio nazi, obligando a los integrantes de la Mannschaft a ejecutar el saludo nazi antes de cada partido del torneo.

Por su parte, Italia revalidó su corona, pero con un cambio radical de identidad: vistieron camisas negras por mandato de Mussolini, un homenaje simbólico a las milicias que lo llevaron al poder. El lema «Victoria o muerte» se mantuvo vigente a través de estrictos telegramas enviados por el líder fascista a los futbolistas en París, donde finalmente derrotaron 4-2 a Hungría.

Argentina 1978: Sospechas de complot bajo el régimen militar

El Mundial de 1978 se desarrolló en territorio argentino en medio del yugo de la dictadura militar comandada por Jorge Rafael Videla. El controversial triunfo de la Albiceleste por 6-0 sobre Perú en la segunda fase —que clasificó a los locales a la final en detrimento de Brasil— dio la vuelta al mundo bajo sospechas generalizadas de soborno gubernamental.

Argentina contó a lo largo del certamen con el beneficio de jugar siempre en el último turno del día. Al momento de enfrentarse a la escuadra peruana, ya sabían con precisión que requerían de una diferencia mínima de cuatro goles, debido a la previa victoria de Brasil sobre Polonia por 3-0.

A pesar de las especulaciones colectivas, no se han hallado pruebas concluyentes que certifiquen el cohecho. El entonces presidente de la FIFA, João Havelange, defendió en su momento que la programación nocturna fija para Argentina fue ratificada por consenso en el congreso previo de la organización debido a su estatus de anfitrión. La FIFA, no obstante, corrigió este vacío regulatorio para el Mundial de España 1982, implementando los partidos definitivos de fase en horarios simultáneos. Argentina se coronaría campeona tras vencer 3-1 a Holanda.

España 1982: La interrupción de un jeque en la cancha

El duelo de la fase de grupos entre Francia y Kuwait en la cita de 1982 quedó marcado por un hecho inédito en el Estadio José Zorrilla de Valladolid. Tras una jugada donde el conjunto galo decretó el 4-1 definitivo, los jugadores kuwaitíes se detuvieron alegando haber escuchado el silbato arbitral que decretaba una supuesta posición adelantada.

Ante la convalidación del gol, el jeque Fahad al-Ahmed al-Jaber al-Sabah, hermano del emir de Kuwait y presidente de la federación de fútbol de su país, invadió el terreno de juego, encaró a las autoridades del partido y amenazó con retirar a su delegación del torneo. La intimidación forzó al colegiado soviético, Miroslav Stupar, a anular la anotación legal. Las investigaciones confirmaron que el silbatazo inicial provino de la grada general.

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