He visto a gerentes brillantes —hombres y mujeres con una capacidad intelectual envidiable— colapsar bajo el peso muerto de la actividad superflua. Recuerdo vívidamente el caso de un líder de equipo en una oficina muy reconocida en nuestra región. Por una inercia cultural mal entendida, sostenía dos reuniones diarias: una al iniciar y otra al cerrar la jornada.

El resultado era desolador. El equipo dedicaba más tiempo a «maquillar» diapositivas y justificar su existencia que a ejecutar las tareas que realmente movían la aguja del negocio. La actividad subía, el ruido era ensordecedor, pero el valor real bajaba. La fatiga en sus rostros no era de trabajo, era de futilidad.

Le dije directamente: «La mayoría de sus actividades no son una inversión, son un gasto de vida». El problema no era la falta de presupuesto ni de personal, sino la falta de un filtro implacable.

Esta es mi tesis, uno de los pilares centrales que desarrollo en mi libro, El Gerente Estoico: La pregunta «¿Es esto necesario?» es el motor de la excelencia operativa. Eliminar lo trivial —reuniones sin acta, informes que nadie lee, protocolos que solo sirven para cubrirse las espaldas— crea el espacio sagrado donde ocurre lo significativo. La simplicidad no es un atajo para el perezoso; es la máxima sofisticación del estratega.

El costo oculto de la complejidad: El impuesto al enfoque

El costo de una reunión innecesaria no se mide solo en los dólares de la nómina desperdiciada; se mide en la destrucción del enfoque profundo (deep work). Cuando fragmentas el día de un profesional con interrupciones constantes, le robas la capacidad de entrar en «estado de flujo», ese lugar donde nace la verdadera innovación.

Aplicando principios de Lean Manufacturing (una disciplina que todo gerente debería tatuarse en la mente), esa reunión vacía es Muda o desperdicio puro. Es exceso de procesamiento que no añade valor al cliente final.

En una ocasión, un equipo de desarrollo de software con el que trabajé tomó una decisión radical: redujeron sus reuniones de revisión de una hora a un «informe estandarizado asíncrono» de 5 minutos vía mensajería. El líder, ejerciendo la templanza (sophrosyne), prohibió subir a una mesa de reunión cualquier tema que pudiera resolverse con un texto claro.

El ROI fue asombroso: recuperaron cinco horas de enfoque puro a la semana por cada empleado. En El Gerente Estoico, explico cómo aplicar la dicotomía de control a tu agenda: tú no controlas el caos que el mundo exterior intenta lanzarte, pero tienes soberanía absoluta sobre el filtro que dejas pasar a tu calendario.

El coraje del «no» estratégico Desafiar la inercia

Eliminar lo superfluo no es una tarea administrativa; es un acto de coraje (Andreia). Es infinitamente más fácil seguir la corriente y hacer lo que siempre se ha hecho que ser el líder que se levanta y detiene la inercia cultural. El miedo a «parecer que se trabaja menos» es la trampa de los mediocres.

Asesoré al gerente de una pequeña fábrica que vivía sepultado bajo docenas de informes redundantes. Su solución no fue la salida fácil de «digitalizar el caos» (ponerle una pantalla a la ineficiencia), sino aplicar la simplicidad radical: borró el 90% de los reportes. En su lugar, configuró un sistema de alertas automáticas que solo disparaba un correo cuando el inventario o la producción mostraban una desviación crítica.

Ese «no» estratégico requirió valor para enfrentar la tradición de la empresa, pero el beneficio fue la liberación inmediata de su tiempo para la planificación estratégica y el pensamiento de largo plazo.

La Gerencia Estoica te enseña que tu tiempo es tu único recurso no renovable; gastarlo en lo trivial es un pecado contra la virtud (areté) y contra el propósito mismo de tu organización.

Tu auditoría de lo esencial La poda necesaria

Te propongo un ejercicio que extraigo de mi obra y que separa a los burócratas de los verdaderos líderes: Toma tu lista de tareas para el día de mañana. Pasa cada punto por el escáner de la razón y pregúntate con honestidad brutal: «Si dejara de hacer esto hoy mismo, ¿se detendría el valor que entregamos al mundo?».

Si la respuesta te hace dudar, es inercia. Si lo haces solo porque «así se hace aquí», es una cadena. El liderazgo no consiste en ver quién tiene la agenda más llena, sino quién logra los resultados más profundos con el menor ruido posible. Quitar lo que sobra no es abandonar el barco; es aligerar la carga para que el barco pueda volar.

Identifica ahora mismo dos actividades y una reunión en tu calendario que sean puro «teatro corporativo» y bórralas.

Recupera tu tiempo.

Recupera tu mente.

Hoy. No mañana.

¡Síguenos en nuestras redes sociales y descargar la app!

Facebook X Instagram WhatsApp Telegram Google Play Store