Fernández
El presidente de Argentina, Alberto Fernández, en una fotografía de archivo. EFE/EPA/Thomas Lohnes / POOL

Redacción América.- Con escasas posibilidades de influir en las decisiones que adopte el grupo de países desarrollados, los socios latinoamericanos del G20 están interesados en que se creen las condiciones que permitan reestructurar su deuda a largo plazo y recuperarse de la actual crisis, agravada por las consecuencias de la guerra en Ucrania y la elevada inflación, y que amenaza con consolidar un modelo de crecimiento asimétrico.

La 17ª Cumbre del Grupo de los 20 (G20), que se celebrará los días 15 y 16 de noviembre en la ciudad de Bali (Indonesia), tendrá como eje central la recuperación de los países después de la pandemia del coronavirus.

Argentina, Brasil y México, los tres socios latinoamericanos que participan en este grupo de países industrializados y emergentes que representa el 85 % del PIB mundial y el 60 % de la población global, acuden a la cita con la intención de superar una posición de desventaja que les permita incorporar sus prioridades a la agenda global.

El grupo puede ser un puente “hacia un orden nuevo que suponga un sistema de toma mundial de decisiones más equilibrado en lo político y en lo social. Y por eso no hay que desperdiciar ese espacio”, escribía en vísperas de la cumbre celebrada en 2018 en Buenos Aires el hoy embajador argentino en EE.UU, Jorge Arguello, quien asistirá a la reunión de Bali acompañando al presidente Alberto Fernández.

EL IMPACTO DE LA GUERRA

El mandatario argentino expondrá en la cumbre del G20 no solo lo que su país padece por los efectos globales de la pandemia y la guerra en Ucrania, sino también los embates que sufren los vecinos de la región, algo de lo que Fernández viene advirtiendo en diversos foros en su carácter de presidente de turno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Fernández, según fuentes oficiales consultadas por EFE, expondrá ante sus colegas del G20 que en el actual escenario internacional, Argentina puede desempeñar un rol clave como proveedor de energías limpias, alimentos y minerales estratégicos y en el desarrollo de cadenas de valor asociadas a estos sectores.

Convencido de que la región empieza a ser mirada como «depositaria de las cadenas de suministros seguras» que el mundo necesita, el presidente argentino defenderá su desarrollo con la condición de que sean «justas», esto es, que no sean meramente extractivas, sino productivas, y que generen empleo de calidad y desarrollo científico-tecnológico.

Y en momentos en que la guerra asedia a Europa, Alberto Fernández destacará que América Latina y el Caribe representa una zona de paz, lo cual le da una ventaja añadida como «proveedora estable».

Éste es un asunto de especial importancia, como quedó de manifiesto durante la reunión de Ministros de Finanzas del G20 celebrada en julio de este año con la participación, entre otros, de la secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen, en la que responsabilizaron a Rusia, ausente en el encuentro, del impacto de la guerra en la economía mundial.

La inflación y las crisis alimentaria y energética amenazan con empeorar la situación del hambre, que afecta a 811 millones de personas en todo el mundo, con 276 millones en situación de hambruna extrema, frente a los 135 millones que había antes de la pandemia, según el Programa Mundial de Alimentos.

Por último, el presidente de Argentina -país que ha recibido más de 46.000 millones de dólares para solventar una crisis económica que ya alcanza dos décadas- insistirá en que es necesario encontrar una solución al problema de las “sobretasas» que cobra el Fondo Monetario Internacional (FMI), lograr una distribución «más justa» de los derechos especiales de giro (DEG del FMI) y la puesta en marcha del Fondo de Resiliencia y Sostenibilidad.

LA AUSENCIA DE BOLSONARO

Una de las ausencias más notorias en la Cumbre del G20 será la del presidente brasileño, Jair Bolsonaro, que acaba de perder las elecciones frente al líder progresista Luiz Inácio Lula da Silva, quien será investido en enero próximo.

Lula es uno de los fundadores en 2006 del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que concentra el 40 % de la población mundial y el 20 % del Producto Interior Bruto (PIB) y aporta más de un tercio de la producción mundial de cereales.

La presencia en Bali del presidente electo, firme defensor de un mundo multipolar, habría reforzado el peso del Sur Global. Sin embargo, en representación de Brasil viajará a Bali el canciller del Gobierno de Bolsonaro, Carlos França.

La mayor preocupación del gigante latinoamericano en este foro es promover la seguridad alimentaria y energética, en el contexto de la crisis desatada por la invasión rusa a Ucrania. Al igual que Argentina, Brasil se ofrece principalmente como un importante productor de alimentos a escala global.

En cualquier caso, la posición del Gobierno de Jair Bolsonaro ha perdido toda la relevancia ante el esperado volantazo a la política exterior que promoverá Lula da Silva a partir de su investidura, el próximo 1 de enero.

PREOCUPACIÓN POR LA INFLACIÓN

Por su parte, México abordará en esta cumbre asuntos como la elevada inflación global, las subidas de las tasas de interés por parte de los bancos centrales y la guerra entre Rusia y Ucrania, según anticipa Marcelo Ebrard, titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Ebrard -quien acudirá en representación del presidente Andrés Manuel López Obrador, reacio a participar en los foros multilaterales- explica que el principal planteamiento de su país en la cita de Bali será “cómo estabilizar o reducir la inflación y recuperar el crecimiento económico”.

México está intranquilo por el impacto que el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania está generando en la seguridad alimentaria a causa de la dependencia mundial de los granos y fertilizantes que producen ambos países.

Pero además de las consecuencias de la guerra, a México le inquietan la inflación y las políticas monetarias que han elevado las tasas de interés, una medida muy cuestionada por López Obrador.“Todas las instituciones financieras están subiendo las tasas de interés. Eso puede crear una desaceleración económica”, advierte el canciller mexicano, quien reconoce que en la actual coyuntura no será fácil frenar esta dinámica financiera.

“Trataremos de abordar esos temas. Desde luego no va a ser sencillo (…), pero el hecho de reunirse, de discutir de frente a frente, siempre es positivo y ahí vamos a estar”, reconoce Ebrard.

Por Manuel Fuentes EFE