
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, arranca 2026 con ventaja en las encuestas de cara a su posible reelección en octubre y con una derecha fragmentada, sin el exmandatario Jair Bolsonaro, en prisión por tramar un intento de golpe de Estado.
El líder progresista buscará un cuarto mandato después de un tercero relativamente plácido que, sin embargo, comenzó de forma turbulenta tras el violento asalto a las sedes de los tres poderes en Brasilia, perpetrado por miles de bolsonaristas radicales.
Superada la asonada golpista, que ha dejado al menos 810 condenados, Lula ha tenido que lidiar con un Parlamento dominado por fuerzas conservadoras y un escenario internacional de alta tensión desde el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, en enero pasado.
Aun así, ha aplicado una receta similar a la de sus primeros gobiernos (2003-2010): mucha capacidad de negociación política, amplios programas de distribución de renta y apertura de mercados externos para los productos brasileños.
La fórmula ha dado frutos. Lula desactivó una crisis inédita con Estados Unidos, tras los intentos de Trump de torpedear el juicio contra Bolsonaro; Brasil creció por encima de lo previsto, salió nuevamente del mapa del hambre de la ONU y registra una tasa de desempleo en mínimos históricos (5,2%) y una inflación bajo control (4,46%). Además, la bolsa de São Paulo rompió su récord de puntos en más de treinta ocasiones este año.
Su Gobierno también aprobó una profunda reforma tributaria, una demanda histórica del empresariado, y una exención del impuesto sobre la renta para las familias con menos ingresos.
Todo esto ha tenido un coste fiscal. Lula volvió al poder en 2023 con un déficit público equivalente al 4,7% del producto interior bruto (PIB) y hoy ese saldo negativo se sitúa en el 8,1% del PIB. La deuda también aumentó, al pasar del 73,5% al 79% del PIB.
Lula, un candidato octogenario
Otro asunto que preocupa a algunos sectores políticos es su edad. Lula tiene 80 años y, si gana las elecciones, terminaría el mandato con 85.
Su equipo de comunicación es consciente de que ese puede ser un punto débil en campaña y se ha esforzado en mostrar a un Lula vigoroso, subiendo las rampas del Palacio de Planalto, ejercitándose en el gimnasio o incluso encabezando carreras benéficas. Él asegura sentirse con la energía de “un chaval de 30 años”.
Lara Mesquita, doctora en Ciencias Políticas y profesora en la Fundación Getulio Vargas (FGV), no cree, sin embargo, que su caso sea comparable al del expresidente de Estados Unidos Joe Biden, quien se vio obligado a renunciar a la reelección por presiones del Partido Demócrata ante su edad.
Por otro lado, la popularidad del dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) está estancada. Su gestión es aprobada por un 49% de los brasileños, frente a un 48% que la desaprueba, según el último sondeo de la firma demoscópica Datafolha.
Lula aún genera animadversión en una parte del electorado que no olvida los escándalos de corrupción de sus primeros mandatos y le reprocha la expansión del crimen organizado en el país.
“La oposición intentará llevar el tema de la seguridad a las elecciones”, en un momento en que “la derecha se fortalece en Suramérica”, afirmó Pedro Brites, profesor de Relaciones Internacionales en la FGV.
Una derecha dividida y sin Bolsonaro
Pese a ello, Lula parte como favorito en las encuestas publicadas hasta ahora frente a todos los posibles aspirantes de derecha para los comicios de octubre, en los que también se renovarán el Parlamento y los gobernadores de los 27 estados brasileños.
Con Bolsonaro inhabilitado y en prisión, tras ser condenado a 27 años de cárcel, la derecha está más dividida que nunca. El líder ultraderechista ha señalado como su sucesor a su hijo mayor, el senador Flávio Bolsonaro, quien también genera un alto rechazo.
A diferencia de su padre, su nombre, por ahora, no ha logrado unificar a una derecha en la que no paran de surgir aspirantes. En esa lista figuran los gobernadores de Minas Gerais, Romeu Zema; de Goiás, Ronaldo Caiado; y de Paraná, Carlos Roberto Massa, conocido como Ratinho Jr.
No aparece, al menos hasta la fecha, el preferido por el mercado financiero y el que más cerca está de Lula en los sondeos: el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, exministro de Bolsonaro, quien asegura que buscará la reelección en el estado más rico del país.
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