Un equipo internacional de investigadores ha protagonizado uno de los hallazgos paleontológicos más sorprendentes de la década en el norte de Arabia Saudita. 

En el sistema de cuevas de Lauga, cerca de la ciudad de Arar, se han descubierto los restos momificados de 54 guepardos (Acinonyx jubatus), un hallazgo que documenta la presencia ininterrumpida de estos felinos en la región durante milenios.

El estudio, publicado recientemente en la revista Communications Earth & Environment, destaca que se trata de uno de los conjuntos de grandes felinos mejor conservados del mundo. 

A diferencia de los procesos artificiales del antiguo Egipto, estos animales pasaron por una momificación natural gracias a las condiciones extremas de las cuevas: un ambiente seco, temperaturas estables y el aislamiento frente a carroñeros que detuvieron la descomposición, explica DW en Español.

Un registro de cuatro milenios

La datación por radiocarbono ha permitido a los científicos reconstruir una línea de tiempo fascinante. El ejemplar más antiguo registrado habitó la zona hace 4.223 años, mientras que el más reciente data de apenas hace 127 años. Esta brecha temporal demuestra que el guepardo no fue un visitante ocasional, sino un habitante persistente del paisaje árabe.

Entre los restos excavados se encontraron siete momias prácticamente completas. El análisis de los cráneos reveló una población diversa: 14 subadultos, seis adultos y nueve cachorros de menos de 18 meses. 

Para Ahmed Al Boug, autor principal del estudio, la densidad de ejemplares de distintas épocas confirma que la especie ocupó este territorio de forma continua y exitosa hasta tiempos muy recientes.

El misterio de las cuevas

Aunque el hallazgo es extraordinario, los científicos aún debaten por qué tantos felinos terminaron en el mismo lugar. Una de las hipótesis con más fuerza sugiere que las cuevas servían como refugios de crianza, lo que explicaría la alta presencia de cachorros y ejemplares jóvenes.

Se ha descartado inicialmente la teoría de que los animales quedaran atrapados accidentalmente. Según Al Boug, las aberturas de las cuevas permitían que la fauna entrara y saliera libremente, lo que refuerza la idea de que los guepardos elegían estos espacios como madrigueras seguras para protegerse del clima desértico.

Esperanza para la reintroducción

Más allá del valor histórico, el descubrimiento tiene implicaciones directas en la biología de la conservación. Por primera vez en grandes felinos momificados, los investigadores lograron extraer y analizar ADN antiguo. Los resultados muestran una estrecha relación genética con las poblaciones actuales de Asia y el noroeste de África.

Actualmente, el guepardo ha desaparecido de la península arábiga y solo quedan unos 50 ejemplares de la subespecie asiática en Irán. 

Sin embargo, este nuevo linaje genético recuperado de las cuevas sugiere que los esfuerzos de reintroducción en Arabia Saudita podrían considerar una base genética más amplia, utilizando ejemplares africanos para devolver a este majestuoso corredor a su antiguo hogar.

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