Leópolis (Ucrania), 1 ene (EFE).- Los ucranianos entran en 2026 sin estar dispuestos a ceder ante los ultimátums rusos, en medio de cortes masivos de electricidad y continuos ataques contra la población civil, al tiempo que las esperanzas de paz se ven contrarrestadas por el escepticismo sobre la disposición de Rusia a poner fin a la guerra. EFE/EPA/MYKOLA TYS

Los ucranianos entran en 2026 sin intención de ceder ante los ultimátums rusos, en medio de cortes masivos de electricidad y continuos ataques contra la población civil, mientras las esperanzas de paz chocan con el escepticismo sobre la disposición de Moscú a poner fin a la guerra.

Una nevada dio un leve aire festivo a quienes celebraron Año Nuevo en la ciudad occidental de Leópolis. Allí, un hombre veinteañero, con prótesis en lugar de ambas piernas y una gorra de estilo militar, observaba en silencio cómo su pareja dibujaba un corazón en la nieve con una de sus muletas.

La pequeña multitud reunida en un mercado navideño contrastaba con los años previos a la invasión, cuando miles de personas llenaban las calles y se preparaban fuegos artificiales. En lugar de pirotecnia, los ucranianos escucharon en Nochevieja y las primeras horas del Año Nuevo el zumbido de más de 200 drones rusos de largo alcance que atacaron infraestructuras vitales en Volinia, Odesa, Kiev y otras zonas del país.

Mientras algunas familias seguían el discurso de fin de año del presidente Volodímir Zelenski —que reiteró la voluntad de alcanzar la paz, pero no a costa de la rendición—, muchas recibían en sus teléfonos nuevos avisos de cortes eléctricos, debido a los crecientes daños a la red por los bombardeos rusos.

Con el frente en la cabeza

En Nochevieja y Año Nuevo, amigos y familiares se deseaban que 2026 fuera mejor que el año anterior y que trajera por fin la paz, pero sus pensamientos estaban en quienes combaten en la línea del frente.

«Miles de nuestros muchachos pasaron el Año Nuevo en sus puestos, por nuestro bien», dijo a EFE Olena Sosna, residente de Járkov (noreste). Su hijo, Sviatoslav, lleva más de 100 días sin descanso en el frente, ya que los continuos ataques rusos han impedido la evacuación y la rotación de los soldados.

Junto con compañeros heridos, Sviatoslav ha estado bajo ataques constantes de drones y asaltos de infantería, mientras su madre observa con angustia cómo la línea entre ambos ejércitos retrocede lentamente en el mapa bajo la presión rusa. «Cada minuto quieren matarlos, volarlos por los aires, envenenarlos con gas, acabar con ellos y con todo lo que los rodea. Pero los chicos aguantan», afirmó Sosna, mostrando un vídeo enviado por su hijo en el que se ven varias granadas rusas RG-Vo usadas.

Según Sviatoslav, esas armas contienen un gas que dificulta la respiración y provoca fuerte irritación en los ojos.

Sin voluntad de rendición

La situación sobre el terreno, con ataques rusos en curso y la insistencia del presidente Vladímir Putin en luchar hasta alcanzar la «victoria», deja poco margen al optimismo. Muchos ucranianos perciben que Zelenski resiste la presión de Washington para que acepte concesiones territoriales.

«No quiero que todo haya sido en vano después de todo lo que han pasado nuestros defensores», declaró a EFE Daria Kuzmenko, psicóloga de 32 años de Odesa, cuyo hermano combate actualmente en el frente. A su juicio, el contenido de un posible «acuerdo de paz» cambia cada día, y asegura que no estaría dispuesta a ceder «ni un centímetro de nuestro territorio», porque se ha derramado demasiada sangre por él.

Aunque algunos ucranianos se muestran abiertos a concesiones dolorosas, incluida la aceptación de facto de la ocupación de las zonas capturadas —sin reconocer su legitimidad—, la mayoría desconfía de Rusia. Según encuestas recientes, hasta un 85% rechaza ceder Donbás, área parcialmente ocupada y que Moscú reclama por completo, por temor a que ello abra la puerta a una nueva agresión y suponga abandonar a cientos de miles de residentes a la ocupación rusa.

Más víctimas civiles

Los ataques rusos contra la población civil y los cortes masivos de electricidad en todo el país se perciben como un intento deliberado de quebrar la moral y empujar a la rendición. Según la ONU, el número de víctimas civiles aumentó un 27% en 2025.

Odesa se ha visto especialmente golpeada, con miles de personas que solo reciben electricidad durante unas horas al día, lo que afecta de forma particular a ancianos, enfermos y niños, según Kuzmenko.

«Renunciar a nuestros territorios sería descuidar y faltar al respeto a quienes murieron por Ucrania», concluyó.

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