Ámsterdam.- El ultraderechista holandés Geert Wilders es «culpable» de «insultar a un grupo» de población durante un mitin en el que comprometió su empeño en que haya «menos marroquíes» en Países Bajos, aunque no incitó con ello a la discriminación ni al odio, dictaminó este viernes la Justicia holandesa en el juicio más mediático del país.

El Tribunal de Apelaciones de La Haya -aunque el juicio se llevó a cabo en el tribunal de alta seguridad por protección- consideró que las declaraciones de Wilders, incluso si se hicieron en un contexto de debate político, fueron «innecesariamente ofensivas», al hablar «sin justificación ni explicación adicional» y forma «negativa sobre una minoría».

Subrayó que «el derecho a la libertad de expresión, en particular la de un político, no excluye la condena en este caso», aunque explicó que las declaraciones en sí mismas no fueron ofensivas, el insulto está «en el contexto en el que se expresaron, se trataba de desacreditar a toda una población».

El 19 de marzo de 2014, en la noche de las elecciones municipales, el líder del Partido por la Libertad (PVV) preguntó a la audiencia si quería «¿más o menos marroquíes?» en Países Bajos, a lo que todos contestaron a gritos «¡Menos! ¡Menos!», respuesta que el populista holandés terminó con una promesa: «Entonces, lo haremos posible».

Wilders sabía que sus comentarios «causarían conmoción» entre los marroquíes en Países Bajos, dañando el honor y la dignidad de esta parte de la población, y alimentando «la polarización» en la sociedad holandesa, por lo que «fue demasiado lejos», tanto con sus declaraciones en el mitin como con una entrevista anterior, en opinión del tribunal.

Aunque un político como Wilders, «elegido representante del pueblo» por las «opiniones políticas» de su partido, debe poder hacer «declaraciones hirientes, impactantes o molestas» en el contexto de un debate social, también tiene «una responsabilidad especial y la libertad de expresión tiene sus límites».

La Corte, que revoca en parte una sentencia anterior que también consideró al populista culpable de «insultar a un grupo», absuelve en esta ocasión a Wilders del delito de «incitación al odio o a la discriminación» porque la intención del político ultraderechista «no tenía como objetivo alentar a su público a hacerlo».

«La gravedad de los hechos y las circunstancias personales especiales, como el hecho de que el propio Wilders ha pagado un alto precio por hacer públicas sus opiniones durante años, hacen que el tribunal crea que una sanción ya no sirve para nada», concluyó la Corte, que no impuso castigo alguno al acusado, al tener en cuenta que es el político más amenazado de Países Bajos por sus declaraciones antimigratorias y antimusulmanas.

«PAÍS CORRUPTO» Y «REPÚBLICA BANANERA»

El político no está de acuerdo con el fallo y prometió usar todas las vías judiciales para lograr ser absuelto también del delito de «insultar a un grupo» porque siempre ha defendido que no se refería a todos los marroquíes, sino a aquellos con «un historial criminal», y ha tildado este proceso de «un juicio político» en su contra, «con interferencias» del Gobierno holandés en el poder judicial.

«Holanda se ha convertido en un país corrupto. (…) No os hagáis ilusiones tan rápido. Seguiré, siempre seguiré diciendo la verdad, sean cuales sean las consecuencias. Esto solo me hará a mí y al PVV más fuertes», declaró Wilders a la prensa a su salida de la Corte, confirmando que recurrirá al Tribunal Supremo contra este fallo.

Para él, la sentencia es «ridícula e inaceptable» y hace que Países Bajos se haya «convertido en una república bananera en ese sentido».

SEIS AÑOS DE DEBATE: EL LÍMITE A LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Este es uno de los casos más mediáticos de Países Bajos y ha supuesto seis años y medio de debates sobre los límites de la libertad de expresión.

Miles de personas denunciaron ante la Fiscalía holandesa que se sentían discriminadas por las palabras de Wilders, lo que llevó al Ministerio Público a iniciar investigaciones y, después, un proceso judicial en diciembre de 2014 contra el político.

En 2016, Wilders fue condenado por un tribunal de la ciudad de La Haya por insultos a un grupo y por incitación a la discriminación contra los marroquíes, aunque tampoco recibió ninguna sanción.

Tanto Wilders como la Fiscalía apelaron esa decisión: el político considera que el juicio ni siquiera debió haberse llevado a cabo, mientras que la acusación cree que los jueces debían haber incluido más delitos.

Durante la apelación, Wilders presentó una solicitud de impugnación, después de que los jueces rechazaran una petición suya de investigar por qué la Fiscalía se había negado a procesar al entonces líder de los progresistas, el expolítico Alexander Pechtold, que había hecho declaraciones similares a las de Wilders, pero sobre los rusos.

«Los marroquíes que incendian nuestras ciudades y barrios suelen salirse con la suya. El ministro de Justicia (Ferdinand Grapperhaus, que celebró su boda sin respetar las normas de distancia social contra el coronavirus), quien rompe sus propias reglas se sale con la suya. Pero se condena al líder del partido más grande de la oposición, que hace una pregunta sobre los marroquíes con la que están de acuerdo millones de holandeses», lamentó Wilders.

Ahora quedará en manos del Tribunal Supremo, la máxima instancia judicial en el país, determinar de forma definitiva si la libertad de expresión de un político tiene límites y, si es así, dónde están. De momento, Wilders cree que, con esta sentencia, los jueces han puesto su derecho a expresarse libremente «en una montaña de basura».

 

Imane Rachidi EFE