Vecinos de El Mangal, padecen de muchas necesidades, la crisis esta comunidad es dantesca. Foto: Níger Martínez

Nadie escapa de la necesidad y del abandono en el sector “El Mangal” de San Félix. Un número de 25 familias viven en pobreza extrema, aislados por una cerca perimetral de bloque lo que fue en una oportunidad un vivero ahora es refugio de estas personas que habitan en ranchos insalubres y llenos de carencias.

Corre el año 2026 y el espectro del descuido estatal se cierne sobre esta comunidad de la parroquia Vista al Sol, donde solo hombres y mujeres que viven el día a día saben lo que es padecer por falta de agua potable, luz eléctrica, red de aguas negras, viviendas dignas, empleos y otras necesidades que el Estado debe proporcionar a la población.

José Gregorio Reinosa, uno de los fundadores de El Mangal, explica con mucha tristeza que el agua llega a las tuberías en horas de la mañana de todos los días jueves, pero ya en horas de la mañana del lunes se ausenta.

Habita en una pequeña casa construida de zinc con sus tres niños que se entretienen correteando a un par de gatos que poseen en dicho domicilio, no obstante dice que tiene años viviendo en dicho vecindario. La escasez y la necesidad definen su rutina; José manifiesta que este lugar se hallaba abandonado y se organizaron un grupo de personas sin techos que decidió construir sus casas en este sitio.

Ellos vieron la oportunidad de obtener sin dificultad los servicios básicos como agua y luz eléctrica, sin embargo, ha sido una odisea. Tuvieron que instalar una tubería principal desde la entrada de La Victoria para recibir este recurso, igual hicieron con la luz, con pedazos de cables trasladaron la electrificación a las barracas.

Otro lugareño

María Márquez lleva 15 años habitando en este sitio y explica que cada día que pasa la situación se agudiza en El Mangal. Dice que tiene cinco hijos, todos pequeños, algunos van al colegio y se le hace difícil enviarlos a la escuela.

Según la joven madre, su esposo es guardia de seguridad a pesar que conoce otros oficios; lo poco que gana no alcanza para vivir de manera digna y hacen lo que pueden.

La mayoría de los hombres que viven en la mencionada comunidad no tienen un trabajo fijo, se ayudan matando tigrito en la calle, otros cortando motes y recogiendo basura.

Calamidad

Los vecinos explicaron que este sector depende del consejo comunal de Trapichito I, y generalmente los beneficios no llegan al barrio, todo se queda en esa comunidad.

Cuentan que la bolsa del CLAP desapareció desde hace muchos años dejaron de entregarla, mientras que la gran parte del vecindario no está subscrito a la página de patria, por lo tanto no reciben bonos del Gobierno.

Para los habitantes de El Mangal, el servicio eléctrico es una de las necesidades. Los cables que trasladan el fluido eléctrico se sostienen en las ramas de las matas de mango y en pedazos de madera, piden a la empresa Corpoelec que los ayude a obtener este servicio básico.

Además, no cuentan con red de aguas negras solo pozos sépticos. En algunas viviendas no existen tales huecos para defecar y tienen que buscar el monte o botar la materia fecal en bolsas plásticas a la calle.

Desde que la comunidad se fundó no saben lo que es una visita del ejecutivo regional, tampoco de la alcaldía de Caroní, afirman que la gratitud de las autoridades gubernamentales no llega a El Mangal.

Así transcurre la vida en El Mangal, un rincón olvidado de Ciudad Guayana donde la resiliencia choca contra el muro de la indiferencia institucional, dejando a familias enteras a merced de improvisaciones precarias y un futuro incierto.

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