El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. EFE/EPA/AL DRAGO / POOL

El Gobierno del presidente Donald Trump ha profundizado las restricciones de acceso y permanencia en territorio estadounidense mediante un paquete de medidas que abarca la suspensión de visados, incrementos en los requisitos financieros y revocaciones de permisos de estancia. Esta política coincide con un repunte en las labores de fiscalización; el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) registró en julio 49.571 detenciones, la cifra mensual más elevada en lo que va de su segundo mandato, según datos consolidados por las universidades de California Berkeley y UCLA.

La estrategia actual da continuidad a la retórica y acciones ejecutivas de su primer periodo (2017-2021), orientadas a la restricción del ingreso desde la frontera sur y la suspensión de programas de refugiados. En este nuevo cuatrienio, la Casa Blanca ha promovido una reestructuración del sistema bajo la premisa de ejecutar la mayor operación de deportación en la historia del país.

Controversia legal por la suspensión de visados consulares

La reciente decisión del Departamento de Estado de congelar temporalmente las citas para solicitudes de visas de inmigrante a escala global ha desencadenado un inmediato litigio institucional. La medida se anunció poco después de que una jueza federal de Nueva York anulara la suspensión de tramitación que afectaba a ciudadanos de 75 países, por considerarla contraria a la ley y violatoria de las atribuciones del secretario de Estado, Marco Rubio.

Ante el nuevo anuncio oficial —justificado por el Gobierno bajo el argumento de capacitar a su personal en nuevos protocolos—, organizaciones de defensa de los derechos civiles como la ACLU interpusieron mociones de emergencia. Los demandantes sostienen que la paralización de actividades consulares constituye una maniobra para eludir el cumplimiento de la sentencia judicial previa.

Exigencias financieras y revisión de programas de protección

La política del Ejecutivo ha incorporado barreras de carácter económico, tales como la exigencia de fianzas de entre 10.000 y 20.000 dólares para visados de turismo y negocios aplicables a ciudadanos de 50 naciones, entre las que se incluyen Cuba, Venezuela y Nicaragua. Asimismo, se fijó un depósito de 100.000 dólares para la tramitación de visados de trabajo especializado H-1B, reactivando el criterio de «carga pública» para denegar la residencia permanente a quienes pudieren requerir asistencia estatal.

El plan abarca además la revisión de estatutos como DACA y el Estatus de Protección Temporal (TPS), junto con la anulación de visados a personas que soliciten asilo tras ingresar al país. En este ámbito, el subsecretario de Estado, Christopher Landau, informó sobre la detección de 420 casos de ciudadanos que ingresaron con visados diplomáticos entre 2019 y 2023 para posteriormente solicitar asilo alegando persecución gubernamental.

Impugnación a normativas estatales

De forma paralela a las restricciones de frontera, el Departamento de Justicia presentó este jueves demandas contra los estados de Arizona, Nuevo México, Oregón y Washington. La acción judicial busca invalidar leyes locales que permiten a las universidades públicas otorgar matrículas con descuento y ayudas financieras a estudiantes que carecen de un estatus migratorio regularizado.

Con estas acciones, la Administración federal busca centralizar el control de los incentivos de permanencia en el país, enfrentando la resistencia de gobiernos estatales y grupos civiles que cuestionan la constitucionalidad de las medidas en los tribunales federales.

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