
Durante décadas se ha repetido que las personas adultas necesitan dormir ocho horas cada noche para lograr un descanso adecuado; sin embargo, nuevas investigaciones científicas han comenzado a cuestionar esa creencia al señalar que dicha cifra podría no ser una regla universal.
Un estudio publicado en la revista Brain Medicine analizó los hábitos de sueño de comunidades de cazadores-recolectores ubicadas en Tanzania, Namibia y Bolivia, cuyos estilos de vida conservan características similares a las sociedades preindustriales y no cuentan con acceso constante a iluminación eléctrica.
Los investigadores determinaron que los participantes dormían entre 6,4 y 7,1 horas por noche, una cantidad inferior a las ocho horas recomendadas habitualmente. Estos patrones no estaban influenciados por factores asociados a la vida moderna, como el uso de pantallas, la exposición a luz artificial o el ruido urbano.
Además, los integrantes de estas comunidades no necesitaban despertadores para iniciar sus actividades al amanecer ni recurrían a siestas durante el día para compensar las horas de sueño. Los científicos concluyeron que, pese a dormir menos de ocho horas, mostraban señales de un descanso adecuado.
Aunque todavía existen interrogantes sobre la relación entre la duración del sueño y la salud, múltiples estudios han demostrado que dormir poco o en exceso puede estar asociado con efectos negativos en el organismo. No obstante, los expertos advierten que aún no está completamente definido qué cantidad de sueño puede considerarse insuficiente o excesiva para cada persona.
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