Petroleras
Yacimiento de Libra, la mayor reserva petrolera de Brasil. Foto: Ultima Hora

El ambicioso plan del presidente estadounidense Donald Trump para reactivar la industria energética venezolana ha encontrado a sus primeros y más entusiastas aliados: las grandes compañías de servicios petroleros.

Tras el llamado de la Casa Blanca a invertir 100.000 millones de dólares en el país sudamericano, firmas como SLB y Halliburton ya preparan el terreno para una expansión acelerada.

A diferencia de las grandes petroleras (las «Majors»), que aún miran con recelo el mercado venezolano debido a los traumas históricos de incautación de activos y riesgos operativos, las contratistas de servicios ven una oportunidad de oro.

La coyuntura es ideal: mientras el sector del esquisto (shale) en Norteamérica muestra señales de agotamiento, Venezuela aparece como la frontera necesaria para el crecimiento global.

El regreso de los «pesos pesados»

El interés no es solo estratégico, sino personal. Jeff Miller, CEO de Halliburton y antiguo residente en Venezuela, eligado recientemente por Trump durante una reunión de ejecutivos en la Casa Blanca. Miller no oculta su optimismo.

«El teléfono no deja de sonar. Halliburton conoce bien este mercado y expandiremos nuestro negocio tan pronto como se resuelvan los términos comerciales y legales, incluyendo la certeza de pago», afirmó el ejecutivo, confirmando que los «primeros pasos» ya están en marcha.

Por su parte, SLB, la mayor contratista del mundo, corre con ventaja. Al haber mantenido una presencia mínima durante los años de sanciones, posee activos listos para desplegar.

Olivier Le Peuch, su director ejecutivo, aseguró que con las licencias y garantías de seguridad adecuadas, la firma puede «intensificar rápidamente» sus actividades de perforación y producción.

Un mercado de 3.500 millones de dólares

La escala del desafío es monumental. Para que Venezuela recupere los 3,5 millones de barriles diarios (bpd) que producía a finales de los 90, la inversión debe ser masiva y sostenida.

Según analistas de Citigroup, alcanzar una meta operativa de 75 plataformas activas representaría una oportunidad de mercado de hasta 3.500 millones de dólares para las cuatro grandes del sector.

Sin embargo, el camino hacia la recuperación total será gradual. El banco Jefferies señala que, en el corto plazo, el impulso vendrá de reacondicionamiento de pozos existentes, reparación de instalaciones de superficie y modernización de infraestructura crítica.

Prudencia y condiciones

No todo es entusiasmo desbordado. Baker Hughes, a través de su CEO Lorenzo Simonelli, mantiene una postura «prudente y a largo plazo».

La empresa enfatiza que cualquier aumento moderado de la producción requerirá una inversión sustancial en la integridad de los pozos y, crucialmente, en la generación de energía fuera de la red para suplir las deficiencias del sistema eléctrico nacional.

Para que el «boom» pase de la especulación bursátil a la realidad en el campo, las empresas exigen tres pilares: claridad regulatoria, seguridad para su personal y mecanismos financieros que aseguren la rentabilidad.

Con el tablero político en movimiento, las empresas de servicios ya han hecho su jugada: están listas para volver, siempre y cuando las reglas del juego sean claras.

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