“En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús, para escuchar la palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. En eso vio dos barcas amarradas al borde del lago; los pescadores habían bajado y lavaban las redes. Subió a una de las barcas, que era la de Simón, y le pidió que se alejara un poco de la orilla; luego se sentó y empezó a enseñar a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Lleva la barca mar adentro y echen las redes para pescar.» Simón respondió: «Maestro, por más que lo hicimos durante toda la noche, no pescamos nada; pero, si tú lo dices, echaré las redes.» Así lo hicieron, y pescaron tal cantidad de peces, que las redes casi se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca para que vinieran a ayudarles. Vinieron y llenaron tanto las dos barcas, que por poco se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrodilló ante Jesús, diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador.» Pues tanto él como sus ayudantes se habían quedado sin palabras por la pesca que acababan de hacer. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas; en adelante serás pescador de hombres.» En seguida llevaron sus barcas a tierra, lo dejaron todo y siguieron a Jesús”.

Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana

La Iglesia universal celebra hoy, la fiesta entre otros santos, en honor al Beato Bartolomé Gutiérrez. Nació en México en 1580 y murió quemado en Omura, Japón, en 1632. Ingresó a la Orden Agustina. Con Fray Pedro Solís, viajó en 1605 a Manila y misionó en Japón entre 1618 y 1620. Escribió una narración sobre los mártires de Japón en 1622. Aunque fue expulsado, regresó a Japón en 1628, hasta que el rey Takanaga mandó apresarlo y quemarlo el 30 de septiembre de 1632 junto con otros misioneros. Fue beatificado por el Papa Pío IX el 22 de mayo de 1867.

Y la liturgia del día nos presenta el Evangelio de Nuestro Señor JESUCRISTO, según San Lucas, capítulo 5, del verso 1 al verso 11. En el que se narra la pesca milagrosa y el llamado de los primeros discípulos en la versión lucana. JESÚS se autoinvita a subir en la barca de Pedro, que no se niega a prestarle un servicio. Pero JESÚS necesita más; aunque tenga a muchos dispuestos a echarle una mano, ÉL busca hombres que se entreguen totalmente a su obra. Oyentes no le faltan, pero necesita discípulos, es decir ayudantes para la obra que apenas está comenzando.

Como ya lo hemos dicho nos encontramos ante un relato que sirve de modelo para describir la misión de los discípulos. Ya que, el relato mismo sirve para interpretar simbólicamente cada uno de los elementos presentes en la narrativa. Por distintas fuentes sabemos que Pedro, Santiago, Andrés y Juan, eran pescadores del lago de Genesaret, que habitaban en Cafarnaúm y que eran amigos de JESÚS, sin embargo, la acción misma de la pesca adquiere una dimensión evangelizadora y misionera.

Y es que, a partir de este encuentro de JESÚS, con este cuarteto de amigos, la rutina de sus vidas cambiara para siempre. Ya que esta simbología de peces, redes, y barca, que eran sus instrumentos materiales para su sustento personal y el de su familia, ahora serán utilizados en leguaje figurado, para ser “pescadores de hombres”, con las “redes espirituales”, para llevarlos a la “Barca de Cristo”, que es Su Iglesia, instrumento por excelencia para la transformación del mundo.

Al confrontarnos con el texto, vemos que después de conocer a JESÚS, no se puede seguir igual. Es necesario tomar posición ante Su Palabra y ante Sus Acciones. Amarrar la barca y dejarlo todo es la acción más radical, pero cuesta bastante porque no es fácil desprenderse de los apegos personales, y al igual que los primeros discípulos, también a nosotros se nos presenta la desesperanza y las frustraciones que tenían ellos al llegar de una noche infructuosa, por no haber “pescado nada”.

Por eso es que hoy es el día para entender que se empieza a ser discípulo, o por lo menos cooperador de Cristo, el que acepta hacer algo más que los servicios materiales que se pueden prestar en la Iglesia, para asumir la tarea de ser “pescador de hombres”. Y ser “pescador de hombres” no significa un proselitismo o un ansia de masificación de comunidades que no tienen conexión con el Querer de DIOS para la humanidad. Ser “pescador de hombres” es ser portador del Anuncio de la proximidad del Reino y el llamado a la Conversión, indicando que ha llegado el momento decisivo de la adhesión a DIOS, que ha comenzado con nuestro cambio de actitud, para enfrentar los problemas personales y comunitarios, y de esta manera lograr que otros al ver nuestro cambio, también sienta la necesidad de acercarse a DIOS.

Señor JESÚS, Tú llamas a los pequeños y humildes para colaborar en Tú proyecto de restauración de la vida y la construcción del mundo nuevo. Regálanos el privilegio de ser parte de quienes tienen la gran tarea de cambiar el odio en AMOR y la injusticia en equidad. Amén.

Luis Perdomo

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